Friday, 13 April 2018

El cerebro. Ese impertinente amigo

Una de las cosas que más diferencian aprender a montar en bici en la infancia a cuando montas por primera vez años después de haberte librado de la mili es, a mi entender, el uso que se hace del cerebro.

Para lo bueno y lo malo, ojo.

Por un lado, gracias a que nuestro cerebro lleva acumulando experiencias desde a saber cuándo, podemos sentarnos al manillar con… no sé… cincuenta años y aprender a montar en bicicleta aún sabiendo que el cuerpo ya no está para esos trotes o que hay músculos que nunca han sido utilizados y de repente duelen u otras millones de inexplicables circunstancias.

Por otro, sin embargo, tenemos al cerebro haciendo horas extras avisándonos de todos y cada uno de los posibles peligros y no deja que el cuerpo tome las riendas y haga lo que más le apetece.

Me explico. Montar en bicicleta es una actividad mecánica. Pasas la pierna, apoyas el pie en el pedal, dejas caer el trasero, agarras bien el manillar, te inclinas y presionas. El otro pie sube al pedal y ¡ya!

Cada uno tiene su estrategia, pero supongo que ya me entienden.

De tanto practicar se hacen cosas sin darle vueltas a la cabeza, ¿verdad? Pues no.

Cuando esto te pilla de mayor, el cerebro no te deja ser muy aventurero y vas con cuidado siempre no sea que…

«No lo pienses e inténtalo», dicen. Pero lo dicen los que han venido a este mundo con un sillín debajo del brazo y llevan tanto montando que se olvidan de que su cerebro pasa olímpicamente de lo que las piernas hagan porque hace una eternidad que dejó al cuerpo hacer.

El novato tardío usa su cerebro (casi en exclusiva) para enfrentarse al aprendizaje de montar en bicicleta porque es más fácil y, al mismo tiempo, tiene problemas para desenchufarlo cuando sería conveniente que la parte motora se pusiese al mando.

Vamos, que cuando dejas de pensar, es cuando realmente salen las cosas. Aunque es tan difícil desenchufar la materia gris.

Un sinvivir.

Nota: todo esto me pasa a mí. Acepto cualquier comentario sobre la experiencia de cualquier otro novato o compañero de novato. Faltaría más.

Thursday, 9 November 2017

#200YearsOfTheBicycle

Con permiso del artista y/o artistas voy a dar otro rato la tabarra con eso del bicentenario de la bicicleta.

Como queda poco, pues necesitamos estrujarlo como es debido. Que 200 años no son baladí, oiga.

Y esto va mucho de reivindicación, la verdad. Porque la bicicleta puede que sea el transporte del futuro, pero a mí me gustaría que ese futuro, en vez de indeterminado, se acerque más y más a este presente nuestro lleno de humos tóxicos y estrés automovilístico.

Jopetas, que se puede tener coche y usar la bici. Ambos conceptos son perfectamente compatibles y no pasa nada. Seamos consecuentes.

Pero en fin, este post no es para machacar (no mucho) sino para alentar. Sí, sí, alentar a todo el que ha pensado alguna vez que la bici es cool para QUE LA USE.

Una vez que empiecen, no van a saber vivir sin ella.

Doy fe.

Así que voy repartiendo aniversario. He visto esto y se lo he regalado a alguien que quiero mucho. Porque es hora de gritarlo a los cuatro vientos.

¡LA BICICLETA CUMPLE 200 AÑOS!

Aquí hay más: ropa, tazas, tarjetas, pegatinas, fundas, cuadernos, etc.


Friday, 3 November 2017

Mentalidad y nuevas generaciones

Mis elucubraciones y yo hemos estado discutiendo largo y tendido sobre algo que, más que seguro, salve el mundo. Sí, sí, tengo en mi cerebro la solución a todos los problemas del mundo mundial.

Gracias, no hay de qué.

Es broma.

Por supuesto que no puedo salvar el mundo. Una pena, porque lo haría gustosa. Pero claro, la cosa es mucho más complicada. Como siempre.

¿Y a qué he estado yo dándole vueltas últimamente? Al tema del cambio de mentalidad y las nuevas generaciones.

Como bien saben, he aprendido a montar en bici como quien dice ayer y, por desgracia, seré novata por siempre jamás. No me quejo, todo lo contrario. De hecho, sé que por ser tardía, va a ser siempre una novedad. Pero quizá porque esto de darle a los pedales me ha pillado con ciertos años y algo de sesera, tiendo a racionalizar la bici en exceso.

Aquí es donde entra lo de la mentalidad que comentaba antes. En mi caso, nunca sentí ni la necesidad de aprender a montar, ni el deseo de querer montar. Vamos, que si no aterrizo en Teutolandia, bien podría ser una de esas que miran a los biciadictos de reojo y, para sus adentros, piden que alguien les haga entrar en razón y dejen de invadir el espacio público.

Triste, pero cierto.

En España, de donde yo soy, no hay mentalidad ciclista y eso es muy difícil de construir. Porque hay recelo, porque hay un «no se qué, qué se yo» en contra del que parece distinto.Porque si hay coches «¿para qué quiere usted usar una bici?». Porque las bicicletas, señor mío, son cosas del pasado. Porque ser moderno es sinónimo de ir en coche a todas partes.

La bici no está en el subconsciente de nadie. No se me enfaden porque generalice; creo que saben a lo que me refiero.

Y entre que la bici no está en nuestros pensamientos y entre que activamente los que pueden se empeñan en ridiculizarla, pues así nos va.

Pero hay un arma secreta que podemos utilizar: enseñar a los niños. Y no sólo a que monten con su primera bici y ya. No. Aprovechar que ya que ellos van, nosotros vamos.

A mí, de chica, me compraron una bici y tardé dos segundos en encasquetársela a mi hermano. No, miento, viendo que yo pasaba, mi hermano se la agenció. ¡Bien hecho! Una tropela de años después, mi hermano es padre y más vale que enseñe a su niña a montar porque de no ser así, volverá a romperse el círculo y mi sobrina será de las que pase e insulte (sin pensar que lo hace) la bicicleta cuando treinta años antes su padre le “robó” a su tía la bicicleta porque montar era lo más de lo más.

No sé si me estoy explicando con claridad.

Básicamente. O enseñamos a nuestros niños a VIVIR con la bicicleta o da igual lo que diga el gobierno de turno, lo que mande la UE o lo que se discuta en foros de gente dedicada en cuerpo y alma al uso de la bicicleta (gracias de todo corazón, el debate es esencial). Dará exactamente igual, me temo.

Se empieza dando ejemplo, enseñando a las nuevas generaciones y su uso hace que los de arriba se den cuenta de lo que le importa al ciudadano.

¿Pido mucho?

Saturday, 9 September 2017

Historia de una bicicleta (II). Ruedas nuevas para la Diamant

En capítulos anteriores… Historia de una bicicleta I

Íbamos tralará-trilirí por en medio de esos campos nada preparados para nuestras biciadictas almas.

El que me soporta pedaleaba encantado de la vida disfrutando del paisaje y yo hacía esfuerzos por guiar con la mente a mi Cabritilla porque las piernas decían que aquello no podía estar pasando, con dolor de flato y sudándolo todo a modo de sauna. Con todo y eso, sonriente como siempre. (Algún día hablaré de esta extraña dicotomía que sufro cada vez que monto en bicicleta).

Pues eso. Los dos contentos en unos de esos tours en los que perfecciono mis parcas habilidades y además exploro centímetro a centímetro el entorno. Hasta que algo hizo pufffffffffff, así, como si la cafetera perdiese vapor.

Me percaté entonces de lo baja que tenía la rueda mi acompañante e hice el comentario del millón:
—Creo que has pinchado.

El pobre mío se bajó de la bici, miró con atención aquella llanta desinflada y comenzó a soltar cosas muy feas por la boca.

No le di más importancia al cabreo hasta que comentó algo de 10 km de vuelta y yo entonces, sentí que todo daba vueltas y que necesitaba un plátano o moriría desfallecida ahí mismo. Porque si la rueda pincha, pincha en el lugar más alejado de tu casa, para que la experiencia sea más apoteósica.

Así que nos tocó empujar de vuelta.

Para cuando llegamos al hogar, comimos unos plátanos y por fin puse los pies en alto, achaqué aquel desastre a la gravilla con cantos cortantes que utilizan para pavimentar las vías ciclistas a lo que el que me soporta replicó con un:
—Puede que sea porque las llantas tienen más de veinte años.

Vale, eso también podía ser.

Y entonces comenzó la operación «rueda majeta y barata». ¿Quién podría haber imaginado que la cosa fuese a ser tan complicada?

Porque la segunda bici más bonita del mundo mundial tenía unas Schwalbe Marathon 28’’ que por aquí cuestan como mínimo 30€ cada una. Gran problema ante el que nos encontrábamos. Hasta que Kenda apareció en nuestras vidas en forma de 20€ el par con todo incluido (llantas y neumáticos).

Así que nada, allá que fuimos.

Varios días después nos llegaban las llantas pidiendo a gritos que las instalasen.




Costó, no crean. Veinte años de costra es mucha costra que rascar. Además hubo que quitar los guardabarros nuevos porque la cubierta es demasiado ancha.

Otra cosa que yo no sabía: intentar poner en una bici de los años sesenta componentes cincuenta años más nuevos es como enfrentarse a la cuadratura del círculo.

Pero ahí la tienen. Tan guapa como el primer día.





Detalle IMPORTANTE:
Resulta que hay una dirección a la que hay que poner la llanta de forma que el dibujo esté en la posición correcta para conseguir el mejor agarre y velocidad y seguridad y todas esas cosas. Pues bien, esto vale para la cubierta delantera. Para ser un biciadicto de pro, la cubierta trasera tiene que ir al revés.




Qué cosas.

Tuesday, 22 August 2017

Mercadillo de bicicletas

Pasó en un cumpleaños. Concretamente el de mi sobrina, la garbancillo.

Ahí que llegamos cargados con paquetes envueltos en papel de regalo cuando, de repente, vimos una procesión de gente que se desviaba e iba a la terraza de atrás, así en fila india, cada uno empujando una bicicleta.

La escena, de por sí algo llamativa, subió puntos de surrealismo al ver cómo adultos así grandotes se encorvaban para empujar bicis de tamaño liliputiense y claro, con paquetes envueltos bajo el brazo también.

Pensé, «a mi sobrina van a regalarle al menos diez bicicletas». Lo mismo era coleccionista o algo, ¡y a tan temprana edad!

El caso. Las velos empezaron a acumularse y así quedó la primera media docena aparcadas en paralelo (todo muy Ordnung und Sauberkeit, recuerden).

Y así descubrí una costumbre de lo más sana que se da por estos contornos. Cada X tiempo, y porque las criaturas crecen como si las regaran con abono, los grupos de amigos juntan todas las bicicletas de los críos y las vuelven a recolocar. Además, como tienen una media de dos por cabeza es como una tienda. Vaya, que los niños eligen no sólo la que mejor les va, sin lo que más les gusta.




Saturday, 5 August 2017

Dicen que ya sé montar

Flipooooooooo.

¡Que sé montar en bici, gente!

Vale, no para correr la Vuelta. ¡Pero ya séeeeeeeeeeee!

Aquí queda constancia. Día 5 de Agosto de 2017. A la hora de comer. En algún punto de Teutolandia.

¡Gracias, Cabritilla!





Wednesday, 2 August 2017

Vias férreas para bicicletas

La idea me vino (y estoy segura de no ser la primera) en uno de esos tours de verano con la lengua fuera, el hígado bailando el chachachá, los músculos en pleno tripi láctico y todos los tendones como cuerdas de violín. Pero mire usted por dónde que el cerebro iba por libre elucubrando esto y aquello.

Fuimos siguiendo los consejos de un señor ya jubilado que se pasa el día recorriendo en bici esos caminos de dios que nos rodean. Le hicimos caso porque huye de los coches como de la peste y eso, a mi entender, es una muy buena cualidad.

La ruta en cuestión, sigue lo que se llamaba «el tren del azúcar». Con un nombre así, ¿cómo no íbamos a probar?

Sigue el trazado por el que tiempo atrás corría el tren que iba recogiendo remolacha y es una de mis rutas preferidas. Porque no se sufre mucho, porque tiene árboles maravillosos a derecha e izquierda y porque todavía se ven restos arquitectónicos de la linea férrea que fue en el pasado.

Y pensé la primera vez: «con todas estas vías de tren abandonadas que hay por todas partes, ¿porqué no se transforman en vías ciclistas?».

Piénsenlo bien:

  1. Las rutas no son muy duras porque a los trenes se les evita en lo posible tener que subir y bajar (hay que ahorrar combustible).
  2. Los trazados son eficientes. Es difícil encontrar caminos más cortos que las lineas férreas.
  3. Ya están ahí. No hay que construir nada. Solo usar lo que ya hay, y hay mucho.
  4. Sería una forma sencilla de tener caminos alternativos donde el coche no tiene cabida. Muchas veces se dice que la bici le quita espacio al coche. De esta forma no.
  5. Más barato imposible.

Aquí, donde yo vivo, es una idea factible y en serio que podría ir a casi cualquier parte sin que el coche y yo nos demos codazos por cualquier trozo de asfalto.

Ahora pueden llevarme la contraria a gusto, aquí o en twitter. No muerdo y rara vez me enfado.