Friday, 17 August 2018

Guía del biciadicto experimentado (II). Copyright

Yo y solo yo soy la autora y cerebro pensante de toda esta sarta de chorradas. Chorradas que, por otro lado, tienen su aquel. No lo olviden.

Sunday, 29 July 2018

Guía del biciadicto experimentado (I)

I Título
II Copyright
III Dedicatoria
IV Introducción
V Capítulo 1
VI Capítulo 2
VII Capítulo 3
VIII Capítulo 4
IX Capítulo 5
X Capítulo 6

(Insertar aquí palitos, cruces y uves mil) Hasta que me canse
Agradecimientos.
FIN
(Opcional) Otras publicaciones.

Monday, 23 July 2018

Ahumar al estilo finés

Es una pena que no se haga más hoy en día. Nos encanta la parrilla, pero al final siempre cocinamos de la misma manera. Vuelta y vuelta.
Ahumar es muchísimo más entretenido y es simplemente delicioso.
Se puede ahumar de todo (hasta huevos) y de formas distintas. Hoy os contaré cómo lo hacen los fineses con el pescado. Bueno, en lineas generales porque estoy segura de que si algún finés lee esto dirá que su madre no lo hace igual.
Antes de nada, deberían saber que ahumar es la última cocción en todo el proceso. La más llamativa, no lo niego, pero para cuando se ahuma, el producto ya está medio cocinado en sal. Y esto es importante porque primero hay que «bañar en sal o agua muy saldada» el pescado una vez limpio para que expulse el agua. Sin este primer paso, no hay ahumado que valga.
Una vez limpio y salado de un día para otro, se le añaden las especias que uno quiera. En este caso, una combinación de hierbas secreta (ni amenazando con un alicate pude sacar al maestro ahumador qué llevaba exactamente y en qué proporción), endrinas y laurel.



La forma finesa de ahumar es por el método de altas temperaturas (un fuego directo bajo el pescado) pero en vez de cámara cerrada, se hace en fogata abierta. Básicamente se hace una hoguera, se clava (sí con clavos) el pescado a una plancha de madera y se pone cerca del fuego. La distancia dependerá del tamaño de la fogata y del pescado, claro.
En nuestra construcción casera, digna de cualquier programa de bricolaje, al borde del cuenco de hierro se han atornillado unas piezas movibles donde encajamos la madera y que se abren y cierran como un abanico para poder jugar con la distancia que queremos que haya entre llama y comida.
En más práctico usar rejilla para que los ingredientes que hemos añadido no se caigan y también porque después de años ahumando, ya no quedaba superficie de madera sin orificios.





La segunda cocción (recuerden que la primera es con sal) es a llama viva y poco a poco se añade el serrín que hará cuatro cosas: reducirá el fuego, creará humo, dará sabor y cocinará por tercera vez. Es mejor evitar maderas con mucha resina porque ésta no añade muy buen sabor al ahumado. Es preferible usar maderas de árboles frutales, en este caso cerezo. También se pueden añadir al fuego hierbas como el tomillo para enriquecer el humo.




Tras una hora, ahí tienen el resultado. Una delicia de salmón, de verdad de la buena.
¡Que aproveche!



Sunday, 22 July 2018

Logros del ciclista novato. La mano

Algo que nadie me dijo cuando empecé con esto de la bici es que las manos había que usarlas para algo más que para agarrar el manillar con todas mis fuerzas. Ya sé que debería tratar el agarradero (¿se dice así?) con más delicadeza, pero díganselo a mi cerebro cuando toda la materia gris está ocupada en poder dar una pedalada más.
Fue un momento de desinfle total cuando, tras mi primer logro, mi interlocutora me preguntó si ya sabía indicar con el brazo

Inciso.
En Teutolandia (no sé en otros sitios porque mi experiencia es muy local) HAY que indicar con la mano extendida si tienes intención de coger la siguiente calle.

Sigo.
Y claro, yo con cara de pasta boniato porque eso de despegar la mano del manillar como que no, no y NO.
Vamos a ver. ¿Quién en su sano juicio quiere arriesgar así la vida? Con todos los peligros que acechan y encima hay que pedalear sin manos.
Una locura.
«Du musst.» (Tienes que hacerlo)
Así son los teutones, van de obligación en obligación como si fuese lo más divertido del mundo mundial.
Y yo que creía que iba por buen camino.
Ains.
Pero la vida tiene sus momentos y ayer fue uno de ellos.
Fuimos a hacer una foto y resulta que como están asfaltando el camino, al menos dos kilómetros de vía ciclista estaban cortados para los coches.
¡Oh, milagro!
Así que aproveché la oportunidad para practicar.
Casi me la pego dos veces, ¡dos!, pero al final lo conseguí.
¡Estiré el brazo!
Primero uno, tres pedaladas, luego el otro, otras tres, vuelta a estirar (segundo y medio, que conste), otras pocas de pedaladas más, el otro brazo.
Así que nada, queridos, ya sé indicar cuando no hay nadie en el camino, ha de estar recién asfaltado, no puede haber ninguna clase de obstáculo, al menos tenga cuatro metros de ancho, nada de tomar la siguiente curva y por supuesto, no puedo pedalear cuando indico porque si lo hago, ¡pum!, al suelo.

Seguiremos informando.

Friday, 13 April 2018

El cerebro. Ese impertinente amigo

Una de las cosas que más diferencian aprender a montar en bici en la infancia a cuando montas por primera vez años después de haberte librado de la mili es, a mi entender, el uso que se hace del cerebro.

Para lo bueno y lo malo, ojo.

Por un lado, gracias a que nuestro cerebro lleva acumulando experiencias desde a saber cuándo, podemos sentarnos al manillar con… no sé… cincuenta años y aprender a montar en bicicleta aún sabiendo que el cuerpo ya no está para esos trotes o que hay músculos que nunca han sido utilizados y de repente duelen u otras millones de inexplicables circunstancias.

Por otro, sin embargo, tenemos al cerebro haciendo horas extras avisándonos de todos y cada uno de los posibles peligros y no deja que el cuerpo tome las riendas y haga lo que más le apetece.

Me explico. Montar en bicicleta es una actividad mecánica. Pasas la pierna, apoyas el pie en el pedal, dejas caer el trasero, agarras bien el manillar, te inclinas y presionas. El otro pie sube al pedal y ¡ya!

Cada uno tiene su estrategia, pero supongo que ya me entienden.

De tanto practicar se hacen cosas sin darle vueltas a la cabeza, ¿verdad? Pues no.

Cuando esto te pilla de mayor, el cerebro no te deja ser muy aventurero y vas con cuidado siempre no sea que…

«No lo pienses e inténtalo», dicen. Pero lo dicen los que han venido a este mundo con un sillín debajo del brazo y llevan tanto montando que se olvidan de que su cerebro pasa olímpicamente de lo que las piernas hagan porque hace una eternidad que dejó al cuerpo hacer.

El novato tardío usa su cerebro (casi en exclusiva) para enfrentarse al aprendizaje de montar en bicicleta porque es más fácil y, al mismo tiempo, tiene problemas para desenchufarlo cuando sería conveniente que la parte motora se pusiese al mando.

Vamos, que cuando dejas de pensar, es cuando realmente salen las cosas. Aunque es tan difícil desenchufar la materia gris.

Un sinvivir.

Nota: todo esto me pasa a mí. Acepto cualquier comentario sobre la experiencia de cualquier otro novato o compañero de novato. Faltaría más.

Thursday, 9 November 2017

#200YearsOfTheBicycle

Con permiso del artista y/o artistas voy a dar otro rato la tabarra con eso del bicentenario de la bicicleta.

Como queda poco, pues necesitamos estrujarlo como es debido. Que 200 años no son baladí, oiga.

Y esto va mucho de reivindicación, la verdad. Porque la bicicleta puede que sea el transporte del futuro, pero a mí me gustaría que ese futuro, en vez de indeterminado, se acerque más y más a este presente nuestro lleno de humos tóxicos y estrés automovilístico.

Jopetas, que se puede tener coche y usar la bici. Ambos conceptos son perfectamente compatibles y no pasa nada. Seamos consecuentes.

Pero en fin, este post no es para machacar (no mucho) sino para alentar. Sí, sí, alentar a todo el que ha pensado alguna vez que la bici es cool para QUE LA USE.

Una vez que empiecen, no van a saber vivir sin ella.

Doy fe.

Así que voy repartiendo aniversario. He visto esto y se lo he regalado a alguien que quiero mucho. Porque es hora de gritarlo a los cuatro vientos.

¡LA BICICLETA CUMPLE 200 AÑOS!

Aquí hay más: ropa, tazas, tarjetas, pegatinas, fundas, cuadernos, etc.