Tuesday, 28 May 2013

Ciclismo y anatomía


Llamar a lo mío ciclismo, es un decir porque ciclismo, ciclismo yo no hago. Yo sobrevivo, que no es poco.

Pero es que no sé de qué otra forma llamar a lo de utilizar la bicicleta como medio de transporte así que tendrán que conformarse con que lo llame ciclismo, novato, pero ciclismo.

El caso es que cada vez que me subo a la bici descubro cosas insospechadas y una de ellas es la existencia de músculos que no pensé que tenía. Uno de ellos está en el pie derecho -en el izquierdo parece que no; una que no es simétrica por lo visto- y dice “aquí estoy” cuando pedaleo y después. O sea, es casi mi nuevo mejor amigo.

He estado mirando en internet (porque yo libros de anatomía no poseo) qué músculo puede ser ese que me tiene tan intrigada y he llegado a la conclusión que sólo puede ser uno: “extensor largo de los dedos”. Como lo leen.

Es como mágico porque pilla casi a la altura del tobillo pero es el que creo que estoy reanimando con mis sesiones ciclistas diarias y eso que sólo lo uso unos minutejos, pero oiga, no vean lo bien que sabe llamar la atención.

Esto me hace pensar que si el extensor largo de los dedos (a lo mejor le pongo al perro del vecino ese nombre) me da la lata, es porque algo malo debo de hacer con los dedos cuando pedaleo, ergo, voy a tener que pensar en relajar los dedos de los pies además de toooodas las cosas que debo ya memorizar a la hora de montar en bici. Creo que un master sería pan comido en comparación.

Pero, por supuesto, puedo estar equivocadísima así que, por favor, si hay algún médico por ahí fuera que crea que vivo en un error, me lo diga lo antes posible. Más que nada por evitarle a mi cerebro cargas extraordinarias.

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