Thursday, 23 May 2013

Quién hubiese nacido holandesa


Ya sé cual es el problema: no tengo el gen holandés que te hace aprender a montar en bici tan rápidamente que no te enteras de que ya has aprendido.

Lo digo porque ayer vi algo que todavía no he asimilado. Una niña -¡vestida de princesa!- que no levantaba dos palmos del suelo se sentó por primera vez en su bici -de princesa, por supuesto- y no tardo ni diez segundos en dar una vuelta a la manzana. Fue muy divertido ver cómo los padres corrían detrás de la bici mientras la niña seguía su ruta a toda pastilla.

Esa niña debía tener el gen holandés, seguro.

Ni que decir tiene que estoy buscando clínicas que ofrezcan el gen a un módico precio porque yo también quiero hacer eso y saltar lo antes posible de la fase de nerviosismo total a la de diversión total.

El caso es que me lo paso pipa sufriendo al manillar pero no creo que la bicicleta haya sido pensada como un artefacto de tendencia masoquista, digo yo.

Por si acaso sigo buscando el gen por si lo llevo dentro y no me he enterado y practicando calle-arriba-calle-abajo todos los ratos que tengo libres.