Sunday, 30 June 2013

La recompensa de los campeones


Quizá suene un poco pomposo pero es que hay días que, aunque no haya una meta a la que llegar la primera, una se siente como una campeona. Simplemente por el echo de llegar pedaleando y sin empujar la bici a donde sea que otros hayan decidido. Porque reconozco que a veces hago trampa y me bajo para empujar pensando que me han metido en el Tour de Francia sin avisarme primero.

Pero no. Hay ocasiones que no hago trampas y llego a mi destino y todo. Eso sí, con los pulmones medio encharcados, al borde de una apoplejía, con todos los músculos de los brazos en tensión, sudando a mares y roja como un tomate, pero de una pieza. Y eso es mucho.

Claro que por una vuelta de nada nadie le da un premio a nadie pero hay ciertas gratificaciones que valen más que una medalla o un beso de chica guapa (en mi caso debería ser un guapo mocetón) mientras se posa ante el mundo con un maillot amarillo en el pecho.

Como por ejemplo, ésta.



El líquido viene estupendamente después de la sudada, las vitaminas te hacen rejuvenecer y las burbujitas te devuelven la vida en cuanto las sientes fluir por tu garganta. El beso del guaperas no es nada en comparación. Doy fe.

Friday, 28 June 2013

Demasiadas marchas para el body


Atención al consejo que me dieron el otro día:

“El secreto de ir bien cuesta arriba radica en el feeling que tengas con las marchas. En el momento que encuentres la marcha adecuada y no esperes demasiado a cambiar, podrás subir cualquier cuesta con muy poco esfuerzo, por muy larga que sea”.

¿Disculpe, me lo repite otra vez? Me he perdido a partir de “secreto”.

Vamos a ver. ¡Que a mí la muñeca no me responde automáticamente! Nunca recuerdo si para subir cuestas tengo que pasar a marchas más bajas o más altas así que en el proceso de prueba/error ya voy por media colina. Además como para cambiar las marchas tengo que mirar (agachar la cabeza y girarla ligeramente a la izquierda, digo derecha) pues me desvío de la ruta y me entran las taquicardias.

Estoy segura de que es un gran consejo pero haré como que no lo he oído. Le dedicaré algo de tiempo cuando me salgan las cosas más espontáneamente.

Otra cosa, ¿quién ha hablado de subir largas cuestas? Miren que yo no he nacido para dar la Vuelta a España.

Thursday, 27 June 2013

La grasa de la cadena


La cadena es una de esas partes de la bicicleta en la que jamás pienso. Será porque con las ruedas, los pedales y el manillar tengo más que suficiente. Será porque como no tengo idea de conjunto pues se me escapan mil y un detalles que son realmente importantes. Qué sé yo.

La cadena, como digo, está ahí pero como si no estuviera porque básicamente no le presto atención. O eso era hasta ahora.

He tenido la maravillosa idea de salir con la bici un ratillo para practicar y me he percatado de porqué la ropa para ciclistas es tan ajustada. Digamos que la pernera derecha del pantalón, a la altura de la pantorrilla ha quedado bien decorada de grasuza negra, así, como quien no quiere la cosa. ¡A mí nadie me dijo nada de ésto cuando se me ocurrió la brillante idea de aprender a montar en bici!

Entiendo ahora también porqué los hay por ahí enseñando piernaza mientras ves como la pantorrilla corre riesgo de congelarse o los que llevan una tira metálica que les debe constreñir el tobillo de forma que no les llega la sangre al pie -o eso me parece a mí.

Debo buscar inmediatamente una solución a este pequeño problemilla porque ahora me ha dado por pedalear con la pierna derecha a modo de motorista de GP que saca las rodillas antes de tomar una curva y parezco... No hay palabras.

Además de incómodísimo, mi equilibrio se resiente más aún de lo normal, lo que provoca nuevas situaciones surrealistas que ponen mi salud en serio peligro.

El caso es que lo de enseñar chicha no es lo mío y por ahora ya he gastado mucho dinero como para seguir comprando complementos. Imaginación al poder: mi nuevo lema.

Wednesday, 26 June 2013

Logros del ciclista novato. Ampliar el radio de acción


¡No todo iban a ser calamidades! También hay momentos de gran emoción, cómo no.

Creo que éste que he llamado “ampliar el radio de acción” es uno de los logros más excitantes en el proceso de aprendizaje cliclístico. Liarse la manta a la cabeza y salir de los cien metros de calle que una servidora se ha aprendido de memoria palmo a palmo.

Da mucho miedo porque es como salir a un mundo inexplorado lleno de peligros pero en el fondo lo estás deseando desde hace días porque ves que hay vida al otro lado de la calle y la gente va y viene con su bicicleta sin morir en el intento.

Entonces respiras hondo tres veces (más no por el peligro de hiperventilación) y allá que te lanzas sin pensarlo mucho con todos los músculos en tensión y un rictus facial para dar canguelo a cualquier perro que tenga la osadía de siquiera mirarte.

Y al cabo de doscientos metros te das cuenta de que has conseguido mucho y que no quieres tentar a la suerte. Por eso, y no porque te retortijones de puro miedo, vuelves ya sin rictus a tu calle que te espera con los brazos abiertos y una oleada de confort hogareño.

Y ya frenas con una alegría que no te cabe en el pecho porque es como si hubieses ido a la Luna y vuelto.

Monday, 24 June 2013

Mi bici cruje


¿Recuerdan la primera vez que se pusieron en frente de un ordenador? Yo lo recuerdo como si fuera ayer. No sé las veces que pensé que lo había roto porque, aunque suene gracioso, por aquellas épocas los ordenadores podían romperse. Vocablos como “quedarse colgado”, “resetearse” o zarandajas como esa vinieron mucho después. Los ordenadores se rompían y punto.

Qué tiempo aquellos en los que se oían gritos como: “¡Ay Dios mío, creo que lo he escacharrado!, ¡No sé donde he apretado pero la pantalla está negra!, ¿Error? ¡pero si no lo he tocado siquiera!, ¿¡es normal que haga ese ruido siempre!?...

Pues con la bici me pasa exactamente igual. Oigo ruidos extraños cada dos segundos. Y me paro de repente con el pánico invadiendo todo mi ser no sea que la bicicleta se parta en dos o algo parecido. Acto seguido obligo a toda criatura parlante a cien metros a la redonda a parar a escuchar por si se tratara de algo serio que ponga en peligro la integridad de la máquina o la mía. Todos acaban mirándome con cara circunspecta después de horas debatiendo sobre de dónde ha podido salir el dichoso ruido y mueven la cabeza en silencio con los labios apretados pensando, seguramente, que necesito tratamiento. Y yo aseguro haber oído un rechinar como el que se escucha en la peli de Psicosis justo en el momento en que se ve el cuchillo homicida y la chica grita y grita...

Y como ése, otros cien sonidos distintos ¿que no?

He dejado de contar las veces que me han dicho que una bici no se rompe porque vaya montada en ella. Aún así, yo sigo en mis trece de que más prevenir que curar.

Saturday, 22 June 2013

Enemigos del ciclista novato. El perro del vecino


Bueno, el perro del vecino o cualquier perro que se le ponga a una por delante. Digamos que los perros en general y el del vecino en particular empiezan a provocarme pesadillas en las que un enorme canino, tras venir corriendo para enredar con las ruedas, me hace caer irremediablemente por un precipicio.

Ya sé que a lo mejor es mucha casualidad que mi bicicleta, un perro muy grande, una servidora y un precipicio puedan coincidir al mismo tiempo en un mismo lugar pero todo es posible.

Que vaya por delante que me encantan los perros pero, como con las personas, prefiero conocerlos primero antes de entrar en intimidades. Y es que la bicicleta, a estas alturas, es una parte muy íntima de mí así que me gusta poco o nada que criaturas caninas de dos toneladas y cara de pocos amigos me sigan al trote mientras intento mantener el equilibrio.

No es plan.

Los dueños juran y perjuran que sus amigos de cuatro patas sólo quieren jugar. Parece, sin embargo, que no pillan que yo no voy en bici para jugar con las mascotas del vecino sino para “disfrutar” del pedaleo, o si quieren que sea más prosaica, comprar el pan.

Sólo espero que con el tiempo los perros de los alrededores me reconozcan no sólo cuando ando sino cuando monto en bici y directamente me ignoren, porque una no está para estos sustos.

Friday, 21 June 2013

Cuesta arriba y cuesta abajo en bicicleta (II)


Como decía, cuesta abajo es otro cantar.

El velocípedo se me hace de repente mucho más grande, lo que significa que tardo una eternidad en pasar la pierna por encima y parezco, sinceramente, una ancianita con ciática. Para más inri, la fuerza de la gravedad me empuja sin remisión hacia delante así que acabo corriendo a pasitos cortos por culpa de los pedales con la bici entre las piernas hasta que recuerdo que hay una cosa llamada freno.

Añadamos al coctel de calamidades el tener que sentarme primero si quiero lidiar con los pedales después y, como ya he dicho, si la bici es milagrosamente más grande allí que tanteo una y otra vez la forma de sentarme a modo de gallina ponedora acomodándose para plantar un huevo.

Con los nervios que me entran al pensar que hasta se me ha olvidado cómo sentarme, se me bloquean los pies que siguen taladrados al asfalto, después de la carrerita. Vamos que ni palante, ni patrás.

Cuando consigo recuperar la cordura, dejo el trasero quieto y le doy a los pedales, la rueda de delante se me revela y en vez de ir recto empieza a bailar hacia los dados y es cuando o me la pego, o me la pego.

Menos mal que, sabiendo de estas intrínsecas dificultades, el que me soporta está ahí para sujetar la bici como si le enseñara a una niña de dos años.

Thursday, 20 June 2013

Cuesta arriba y cuesta abajo en bicicleta


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Nota de la autora: este post lo separo porque, en un momento de creatividad descomunal, me ha quedado muy largo y tampoco es plan aburrir.
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Me ha venido a la memoria uno de los muchos consejos que me dio mi padre cuando era pequeña.

Hija, -me dijo un día de esos que me dejó sentarme en el asiento de delante del coche- el día que aprendas a conducir vas a tener que esmerarte en frenar bien en las cuestas. Es una de las cosas más importantes en la conducción. Aprenderás a dejar el coche estacionado cuesta arriba y también a controlarlo cuando arranques cuesta abajo.

Por aquel entonces el pobre no conocía de mis limitaciones con los movimientos corporales más simples pero de todas formas, como siempre, tenía más razón que un santo.

El consejo, sin embargo, lo estoy aplicando más a la bicicleta, o al menos lo intento. Resulta que he descubierto que mi bicicleta no es mi bicicleta cuando paro estando cuesta arriba o cuesta abajo. La inclinación, supongo, hace que las dimensiones no me cuadren y tenga muuuuuchas dificultades para frenar y bajar cuando voy cuesta arriba o para montarme y empezar a pedalear cuando voy cuesta abajo.

Cuesta arriba freno pero soy incapaz de bajarme de la bici sin correr peligro de caerme de lado, con bicicleta incluida. El pavimento no está donde debiera estar y no consigo hacer pie decentemente así que, de forma mecánica, miro hacia abajo y claro, pierdo el equilibro.

¿Y qué más? Pues que la única neurona libre de estrés me dice ¡haz pie, haz pie! pero el pie en cuestión no ha encontrado la manera de despegarse del pedal. Un cuadro, vaya.

Cuesta abajo es otro cantar, incluso peor que cuesta arriba.

Continuará...

Wednesday, 19 June 2013

C de ciclista


Así, como suena. Porque ella lo vale, aunque se empeñe en negarlo.

Creo que no les he presentado a mi amiga C decentemente. Ella es estupenda pero le pasa como a mí: se muere de miedo con que sólo le nombren ir a montar en bici. Y, como a mí, en el fondo le encanta aunque lo niegue una y otra vez.

C también se vio repentinamente sumida en el mundillo ciclista y le está costando espasmos y sudores mantener el tipo. Ella monta bien, o al menos eso me parece a mí, pero nadie la comprende.

Dice que da gracias a todos los espíritus por encontrarme yo en su misma situación. Ella sabe que si yo ando cerca nadie le va a obligar a pedalear durante más de diez kilómetros o incitarla a ir por zonas donde no hay carril bici y no vean lo bien que lo explota.

Y es que C y yo, desde que montamos en bici, somos como uña y carne y nos defendemos del resto del mundo (dígase de los que saben montar en bicicleta) con uñas y dientes.

Pero ella lo tiene mucho más difícil que yo porque nada menos que tiene dos bicicletas. Una en la ciudad y otra en el campo. Comprenderán entonces que tenga enormes problemas para cambiar el chip de una bicicleta a otra.

Pero por ahora no me voy a enredar en contar sus aventuras, que ya tendremos tiempo para ello.

Por el momento, sepan ustedes que nombraré a C con cierta regularidad. Al fin y al cabo vamos en el mismo barco.

Monday, 17 June 2013

Herencias velocípedas


Una de las innumerables cosas buenas que tiene aprender a montar en bici a edades ya tardías -poque tiene cosas buenas aunque ahora no me lo parezca mucho- es que los que bien te quieren también se contagian de la ilusión y empiezan a confabularse para hacerte la vida más fácil al manillar.

No siempre lo consiguen pero la intención es lo que cuenta.

Lo cierto es que cuando lo consiguen te da pena no haberte puesto a aprender antes porque no veas las cositas que te pueden caer.

En mi caso, según me senté (sin levantar los pies del suelo todavía) en el sillín alguien comentó que miraría en el desván si tenía cosas empaquetadas de sus tiempos mozos de ciclista. De ese alguien todavía no sé nada pero como por arte de magia ha caído en mis manos esta preciosidad que, además, hace juego con la bici. Por lo visto alguien lo tenía en el sótano muerto de la risa.

Les presento mi nuevo chubasquero. Especialmente indicado para ciclistas novatas como yo que con todo se contentan.




Hasta voy a ir fashion y todo. ¡Ja! Por cierto, esto se considera equipación para ciclistas ¿no? Es que me hace mucha ilusión lo de ir equipada por el mundo.

El chubasquero en cuestión me queda perfectamente, se dobla hasta casi desaparecer, pesa poquísimo, tiene una abertura atrás y dos delante para transpirar estupendamente y las lineas blancas haciendo cuadraditos ¡son refractantes!. Se me ve llegar desde lejos tanto de día como de noche y así ahorro en una dinamo (¿o eso ya no se lleva?).




Da gusto recibir herencias como esta.

Friday, 14 June 2013

Intermitente ciclista


Un alguien muy pero que muy gracioso me dijo el otro día que es imprescindible que aprenda a indicar ¡con el brazo! la dirección que tengo intención de tomar en los cruces de caminos. ¿Ein? Yo; despegar la mano del manillar; levantar el brazo; dejarlo levantado mientras tomo la curva.

¡Si además no sé ni para dónde voy! Como seguramente imaginarán me dio la risa floja.

Digamos que ni en mis peores pesadillas me veo yo haciendo tal cosa. Ya veremos dentro de diez años, como poco. No quiero que parezca que soy una incivilizada o que no respeto las normas de tráfico pero es que si hago eso me la pego y provoco un accidente en cadena.

¿Venden en algún sitio intermitentes para bicicletas?

Thursday, 13 June 2013

Ciclistas novatos del mundo, uníos


Así, sin más. Hay que salir del armario a la de ya. Dejar claro que no vamos a escondernos de los matones que saben montar en bici mejor que nosotros ni de los que nos tratan con condescendencia porque les damos pena.

Eso se ha acabado. Desde ya mismo. He dicho.

¿Vamos a dejar que nos abochornen con esos mal intencionados comentarios sobre nuestra supuesta valentía? No.

¿Debemos seguir aguantando esas risitas por lo bajo de los chavales que se creen con derecho porque poco menos que se dedican a ir con al bicicleta campo a través? Jamás.

¿Soportaremos por un segundo más que nos den tantos ánimos -cada cuatro segundos por lo menos- que nos estalle la cabeza sin darnos si quiera tiempo a ir poco a poco? No, no y mil veces no.

Es hora de plantarse. De decirle al mundo que somos novatos ¡y a mucha honra! y que, quizá en mil trescientos cincuenta y dos años seamos capaces de dar la vuelta a la manzana sin pensar en millones de posibles accidentes.

Qué, si nos da canguelo ir en bici. Qué, si vemos obstáculos donde no los hay. Qué, si vamos a paso tortuga. Qué, si gritamos cada tres minutos. ¡Qué!

Nada de todo eso importa, os lo aseguro, porque también tenemos derecho a aprender, como todo hijo de vecino. Más aún, por echarle arrestos a nuestra edad deberían ponernos un monumento como la copa de un pino.

¿Estáis conmigo?¿¡Estáis conmigo!?

Wednesday, 12 June 2013

Derecha o izquierda, he ahí la cuestión


Suena fatal viniendo de una mujer, pero es que lo de las direcciones me vuelve loca. Cuando estoy en materia me cuesta una barbaridad distinguir la derecha de la izquierda y más aún si debo tomar decisiones en cuestión de segundos.

Que me perdonen las que crean que dejo al sexo femenino a la altura del betún pero recuerden que para todo debe haber una excepción. Eso es, yo soy la excepción que confirma la regla. Al menos en lo que a direcciones se refiere.

Por eso, y nada más que por eso, no soy capaz de tomar el camino correcto cuando alguien me lo grita desde atrás, delate o al lado a la vez que voy montada en la bici y eso provoca situaciones surrealistas.

La última. Mientras todo el mundo, y con todo el mundo me refiero a un grupo de siete personas, gira a la izquierda yo giro sistemáticamente a la derecha lo que hace que medio vecindario grite mi nombre desde la lejanía. Como, además, soy nueva en eso de girar la cabeza para ver lo que pasa pues ya se imaginarán.

Gracias al menos que ya sé frenar...

Tuesday, 11 June 2013

La bici es mi amiga


Repita conmigo:

La bici es mi amiga, la bici es mi amiga, la bici es mi amiga.

¿A que ahora piensa que la bici es su amiga? ¡Por supuesto que la bici es su amiga!

Entonces ¿Por qué quiero tirar mi bici a la basura? Así, de una patada.

Creo que se lo imagina: ME LA HE PEGADO.

Y todo por mirar hacia atrás un segundo de nada. He cometido uno de los errores más típicos en este mundillo y como consecuencia me he ido derechita a la cuneta. Gracias a que en estos días el césped crece por todas partes y el verde ha amortiguado la caída. Que no cunda el pánico porque no me he roto nada -veremos mañana si siento el brazo derecho.

Todo ha sucedido en un pispás. Iba yo tranquilamente siguiendo la fila y, por primera vez, manteniendo el ritmo cuando alguien por detrás me ha dicho algo. Con la educación que me caracteriza he ido a contestar y, como no, he mirado hacia atrás. Craso error.

Parece ser que según movía la cabeza hacia la derecha el manillar seguía la misma dirección. He perdido el equilibrio y me he estrellado contra el suelo con el brazo derecho por delante.

¿El freno? ¿Quién se acuerda del freno en un momento así? Obviamente, yo no. Para mi desahogo me han dicho que viendo la situación de las ruedas hubiese sido peor frenar porque automáticamente habría caído fulminada sobre el asfalto en vez de chocar contra los arbustos y otras malas hierbas.

Me he enfadado mucho pero tras pensarlo mejor creo que le daré otra oportunidad a la bici. Ella en el fondo no tiene la culpa de mi falta de coordinación.

Moraleja: si usted todavía no es un afamado ciclista, ni piense por un momento que puede ir por ahí mirando el paisaje o prestando atención a otra cosa que no sea lo que tiene delante. Si decide, por el contrario, no hacer lo anteriormente citado, aténgase a las consecuencias. O mejor aún, asegúrese de llevar puestas coderas, rodilleras y casco.

Monday, 10 June 2013

Enemigos del ciclista novato. Las bicicletas silenciosas


Todo en esta vida tiene su cara y cruz, y las bicicletas no podían ser distintas. Una de las grandes ventajas de la bicicleta es que no hace ruido; al menos no como lo haría un coche.

¿Cuál es la pega entonces? Que no las oyes venir.

De entre los mil y un enemigos del ciclista novato, éste es sin duda el más sorpresivo porque no entraba dentro de mis cavilaciones. Ayer me adelantó un señor muy entrado en carnes con una bici más pequeña que la mía -gracioso si no fuera porque todavía no puedo dedicarle al humor ni una sola neurona mientras monto- y no le oí llegar así que imagínense el susto. Vamos, que tuve que frenar porque casi me da un síncope.

El hombre no hizo amago de indicarme con el timbre que me iba adelantar ¿para qué, si el carril era de más de medio metro? así que sólo vi como una cosa enorme me pasaba casi rozando por la izquierda.

No ha habido que lamentar ninguna tragedia porque, como digo, paré en seco pero me quedé petrificada un rato. El rato necesario para generar algo parecido a un atasco. Y es que parece que a todos se nos ocurre la maravillosa idea de dar una vuelta con la bici el mismo día, a la misma hora y por el mismo carril.

Friday, 7 June 2013

Ácidos


Vivo en un perpetuo estado de shock. Como ahora muevo las piernas así en círculos mientras presiono una cosa cuadrada de plástico llamada pedal y todos los que me rodean lo hacen también, pues leo aquí y allí para parecer que me interesa el tema.

Pero empiezo a pensar que quizá no sea tan buena idea. Me explico.

Acabo de leer en wikipedia: ”al contrario de lo que mucha gente cree, el incremento de la cantidad de lactato no es causante directo de la acidosis ni es responsable de las agujetas”.

¡Yo soy “mucha gente”! Ahora a quién le voy a echar yo la culpa de mis agujetas, si se puede saber. El ácido láctico siempre ha sido mi compañero de fatigas al que echarle las culpas de todos los dolores causados por el ejercicio físico -del que no soy fan, todo sea dicho- y ahora van y me dicen que no, que el pobre ácido láctico ha sido acusado indiscriminadamente por un crimen que jamás cometió.

Me siento fatal. Primero porque ahora tengo que reeducar mis instintos y empezar a llevarme bien con él y segundo, porque me va a tocar ponerme al día en biología si quiero soltar improperios adecuadamente.

Mi vida antes era más sencilla. En fin.

Thursday, 6 June 2013

Mi bicicleta estuvo allí


No sé si sabrán que por la Europa central tenemos un tiempo de mil demonios. Unos días llueve y otros parece que el viento nos va a levantar de cuajo. Para que se hagan una idea, el invierno pasado fue el más oscuro (que se tenga constancia) y esta primavera también lo fue. Sabemos que el sol está ahí pero porque lo pone en los libros no porque lo veamos.

¿Y qué pasa cuando llueve y llueve y llueve? Que todo se inunda, como es lógico. Hasta aquí bien. El problema radica en si vives cerca del agua y el nivel del río sube y sube y los campos (todos en 20 km a la redonda) se inundan y ves, con el corazón en un puño, que de seguir así tu casa se va al garete.

Pues así andamos, queridos amigos. Poniendo sacos como locos y rezando a todo lo rezable para que el sol tenga a bien seguir brillando. Si ven en el telediario hordas de personas en fila pasándose sacos estén seguros de que una de ellas soy yo. Creo que tengo agujetas hasta en los párpados y no de pedalear, precisamente.

Tras dos días de no parar de intentar asegurar el dique parece que el agua ya no sube más pero también parece que pasado mañana volverá a llover.

Crucemos los dedos.





Y como todo tiene su lado bueno diré que uso la bicicleta para todo todito todo y no vean lo que estoy aprendiendo. Pero eso lo dejo para otras entradas.

Wednesday, 5 June 2013

Equipamiento para bicicletas y ciclistas


Yo no lo sabía pero por lo visto hay dos clases de equipamiento en esto de montar en bici. Por un lado está el equipamiento o equipación (ojito con los términos que en este mundillo parece que estas cosas son muy importantes) para bicicletas se refiere a todos y cada uno de los cachivaches que le puedes ir añadiendo a tu bici.

En principio una bicicleta consta, por lo que he llegado ha entender hasta el momento, de dos ruedas, sillín, manillar, pedales y cadenas -parece ser que hay bicis sin frenos aunque no creo que se usen por la calle-. El resto es opcional y los elementos anteriores siempre se pueden mejorar o simplemente cambiar cuando se estropean.

Por otro lado está el equipamiento para ciclistas que son todas las cosillas que puedes llevar puestas para ir más chula al manillar. No tenía idea de la cantidad de cosas que puedes comprar para ser una ciclista de pro. Pantalones ajustadísimos, que por supuesto yo pienso ponerme, cascos de todos los tamaños, formas y colores, zapatillas con las que podrías ir al espacio, camisetas de diseño pensadas para hacer que sudar se convierta en una experiencia nueva...

Yo creo que por el momento me dedicaré a estudiar más a fondo los entresijos de la segunda equipación. Más que nada porque a mi la técnica se me da muy mal y porque, qué leches, siempre me gustó comprar complementos. Aunque nunca se sabe.