Wednesday, 19 June 2013

C de ciclista


Así, como suena. Porque ella lo vale, aunque se empeñe en negarlo.

Creo que no les he presentado a mi amiga C decentemente. Ella es estupenda pero le pasa como a mí: se muere de miedo con que sólo le nombren ir a montar en bici. Y, como a mí, en el fondo le encanta aunque lo niegue una y otra vez.

C también se vio repentinamente sumida en el mundillo ciclista y le está costando espasmos y sudores mantener el tipo. Ella monta bien, o al menos eso me parece a mí, pero nadie la comprende.

Dice que da gracias a todos los espíritus por encontrarme yo en su misma situación. Ella sabe que si yo ando cerca nadie le va a obligar a pedalear durante más de diez kilómetros o incitarla a ir por zonas donde no hay carril bici y no vean lo bien que lo explota.

Y es que C y yo, desde que montamos en bici, somos como uña y carne y nos defendemos del resto del mundo (dígase de los que saben montar en bicicleta) con uñas y dientes.

Pero ella lo tiene mucho más difícil que yo porque nada menos que tiene dos bicicletas. Una en la ciudad y otra en el campo. Comprenderán entonces que tenga enormes problemas para cambiar el chip de una bicicleta a otra.

Pero por ahora no me voy a enredar en contar sus aventuras, que ya tendremos tiempo para ello.

Por el momento, sepan ustedes que nombraré a C con cierta regularidad. Al fin y al cabo vamos en el mismo barco.

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