Thursday, 20 June 2013

Cuesta arriba y cuesta abajo en bicicleta


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Nota de la autora: este post lo separo porque, en un momento de creatividad descomunal, me ha quedado muy largo y tampoco es plan aburrir.
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Me ha venido a la memoria uno de los muchos consejos que me dio mi padre cuando era pequeña.

Hija, -me dijo un día de esos que me dejó sentarme en el asiento de delante del coche- el día que aprendas a conducir vas a tener que esmerarte en frenar bien en las cuestas. Es una de las cosas más importantes en la conducción. Aprenderás a dejar el coche estacionado cuesta arriba y también a controlarlo cuando arranques cuesta abajo.

Por aquel entonces el pobre no conocía de mis limitaciones con los movimientos corporales más simples pero de todas formas, como siempre, tenía más razón que un santo.

El consejo, sin embargo, lo estoy aplicando más a la bicicleta, o al menos lo intento. Resulta que he descubierto que mi bicicleta no es mi bicicleta cuando paro estando cuesta arriba o cuesta abajo. La inclinación, supongo, hace que las dimensiones no me cuadren y tenga muuuuuchas dificultades para frenar y bajar cuando voy cuesta arriba o para montarme y empezar a pedalear cuando voy cuesta abajo.

Cuesta arriba freno pero soy incapaz de bajarme de la bici sin correr peligro de caerme de lado, con bicicleta incluida. El pavimento no está donde debiera estar y no consigo hacer pie decentemente así que, de forma mecánica, miro hacia abajo y claro, pierdo el equilibro.

¿Y qué más? Pues que la única neurona libre de estrés me dice ¡haz pie, haz pie! pero el pie en cuestión no ha encontrado la manera de despegarse del pedal. Un cuadro, vaya.

Cuesta abajo es otro cantar, incluso peor que cuesta arriba.

Continuará...

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