Sunday, 30 June 2013

La recompensa de los campeones


Quizá suene un poco pomposo pero es que hay días que, aunque no haya una meta a la que llegar la primera, una se siente como una campeona. Simplemente por el echo de llegar pedaleando y sin empujar la bici a donde sea que otros hayan decidido. Porque reconozco que a veces hago trampa y me bajo para empujar pensando que me han metido en el Tour de Francia sin avisarme primero.

Pero no. Hay ocasiones que no hago trampas y llego a mi destino y todo. Eso sí, con los pulmones medio encharcados, al borde de una apoplejía, con todos los músculos de los brazos en tensión, sudando a mares y roja como un tomate, pero de una pieza. Y eso es mucho.

Claro que por una vuelta de nada nadie le da un premio a nadie pero hay ciertas gratificaciones que valen más que una medalla o un beso de chica guapa (en mi caso debería ser un guapo mocetón) mientras se posa ante el mundo con un maillot amarillo en el pecho.

Como por ejemplo, ésta.



El líquido viene estupendamente después de la sudada, las vitaminas te hacen rejuvenecer y las burbujitas te devuelven la vida en cuanto las sientes fluir por tu garganta. El beso del guaperas no es nada en comparación. Doy fe.