Monday, 10 June 2013

Enemigos del ciclista novato. Las bicicletas silenciosas


Todo en esta vida tiene su cara y cruz, y las bicicletas no podían ser distintas. Una de las grandes ventajas de la bicicleta es que no hace ruido; al menos no como lo haría un coche.

¿Cuál es la pega entonces? Que no las oyes venir.

De entre los mil y un enemigos del ciclista novato, éste es sin duda el más sorpresivo porque no entraba dentro de mis cavilaciones. Ayer me adelantó un señor muy entrado en carnes con una bici más pequeña que la mía —gracioso si no fuera porque todavía no puedo dedicarle al humor ni una sola neurona mientras monto— y no le oí llegar así que imagínense el susto. Vamos, que tuve que frenar porque casi me da un síncope.

El hombre no hizo amago de indicarme con el timbre que me iba adelantar ¿para qué, si el carril era de más de medio metro? Así que sólo vi cómo una cosa enorme me pasaba casi rozando por la izquierda.

No ha habido que lamentar ninguna tragedia porque, como digo, paré en seco pero me quedé petrificada un rato. El rato necesario para generar algo parecido a un atasco. Y es que parece que a todos se nos ocurre la maravillosa idea de dar una vuelta con la bici el mismo día, a la misma hora y por el mismo carril.

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