Thursday, 6 June 2013

Mi bicicleta estuvo allí


No sé si sabrán que por la Europa central tenemos un tiempo de mil demonios. Unos días llueve y otros parece que el viento nos va a levantar de cuajo. Para que se hagan una idea, el invierno pasado fue el más oscuro (que se tenga constancia) y esta primavera también lo fue. Sabemos que el sol está ahí pero porque lo pone en los libros no porque lo veamos.

¿Y qué pasa cuando llueve y llueve y llueve? Que todo se inunda, como es lógico. Hasta aquí bien. El problema radica en si vives cerca del agua y el nivel del río sube y sube y los campos (todos en 20 km a la redonda) se inundan y ves, con el corazón en un puño, que de seguir así tu casa se va al garete.

Pues así andamos, queridos amigos. Poniendo sacos como locos y rezando a todo lo rezable para que el sol tenga a bien seguir brillando. Si ven en el telediario hordas de personas en fila pasándose sacos estén seguros de que una de ellas soy yo. Creo que tengo agujetas hasta en los párpados y no de pedalear, precisamente.

Tras dos días de no parar de intentar asegurar el dique parece que el agua ya no sube más pero también parece que pasado mañana volverá a llover.

Crucemos los dedos.





Y como todo tiene su lado bueno diré que uso la bicicleta para todo todito todo y no vean lo que estoy aprendiendo. Pero eso lo dejo para otras entradas.

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