Monday, 1 July 2013

Cuestión de equilibrio


Hay comentarios que duelen. Y duelen no porque sean hirientes sino porque ¿y si resulta que son ciertos?

Con toda su buena intención y algo de sorna, todo sea dicho, una de mis amigas que sabe montar en bici (de las que yo digo que están al otro lado de la realidad) se preguntaba en alto si mi inusual carencia de equilibrio tendría alguna razón de ser más prosaica que el simple pánico a todo lo que se mueve a más de cien metros por hora.

¿Y si tenía cera en los oídos?

El rubor después de darle a los pedales desapareció inmediatamente y quedé ahí parada con cara cérea intentando asimilar las consecuencias del insólito comentario.

¿Y si era verdad?

No le di tiempo ni a explicarse. Creo que no he ido más rápido en bici desde que empecé. ¡Hasta adelanté a un niño con una mini-bici sin pedales! No paré hasta llegar a casa y me lancé como alma que lleva el diablo hacia el cuarto de baño. Abrí todos los cajones de debajo del lavabo en menos de dos segundos hasta encontrar lo que quería: la caja de bastoncillos para los oídos.

Inserté hasta las meninges con movimientos precisos los palitos con algodón y muy lentamente miré qué tenían pegado.

Casi me hago pipí allí mismo. ¡Limpios!

¡Uf! Va a ser que sí que tengo una inusual carencia de equilibrio. ¡Qué alegría!

No comments:

Post a Comment