Sunday, 14 July 2013

Escapadas veraniegas


Va a ser que no mola que haga buen tiempo. Que conste que cuando hace buen tiempo se me saltan las lágrimas de la alegría que me entra al ver por fin el sol. No me malinterpreten, pero el que todo hijo de vecino salga con la bici el mismo día a la misma hora y por la misma ruta estresa mucho.

Es como ir a Alicante el 1 de agosto. Todos los coches en fila india en busca del dorado sol mediterráneo y esas playas con arena finísima importada nada menos que del desierto. Y los siempre positivos conductores sacando las viandas y las botellas de agua de plástico congeladas previamente para no sufrir una bajada de azúcar, una inanición, una subida repentina de la presión arterial o una deshidratación galopante.

Según suben las temperaturas y no llueve, todas las familias con todos sus miembros incluidos tatarabuelos, agarran la bicicleta negra o gris que les pertenece y salen a invadir el carril bici siguiendo la ruta que hicieron el año anterior por estas fechas y el año anterior a ése y el anterior...

Comienzan entonces los gritos, los adelantamientos, las pegadas a la rueda, los malos modos y los timbres aliñados con una y mil melodías politono. Y, para los que este tipo de cosas son sinónimo de fiesta en un día libre para mí es sinónimo de estrés. Puro y duro estrés.

Menos mal que esos días caen siempre en sábado o domingo de principios de verano (porque aquí el verano parece que nunca acaba de llegar), tiene que hacer una temperatura entre los 19ºC y los 22ºC, debe hacer sol pero con alguna que otra nube y mejor aún si es la fiesta de algún pueblo, ciudad o región agrícola para estar seguros de que hay chiringuitos abiertos por el camino. Siguiendo estas indicaciones es fácil saber cuándo van a estar todos los caminos atestados de ciclistas por lo que es mejor tener planes alternativos.

¿Qué hacer entonces en esos días? Una barbacoa, y deje sus salidas para cuando a los demás les dé pereza.

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