Monday, 30 September 2013

Historia de una bicicleta (I)


Corría el año 1961. La vida no era fácil por aquella época por lo visto. Casi nadie tenía coche y había que hacer cola hasta para poder comprar un kilo de naranjas. Se hacen una idea del lugar.

Pues así las cosas hete aquí que el hijo de una modesta familia cumplió los 17 años quedando patente que no podía seguir utilizando la bicicleta heredada de su primo hermano con la que se golpeaba el pecho cada vez que daba una pedalada. El caso es que el padre de la criatura, viendo que aquello no iba a ningún lado decidió acercarse a la tienda de bicicletas más cercanas y preguntar por una que le fuera bien al chaval y, ya de paso, le durara lo suficiente como para no tener que dedicarle más neuronas al asunto.

Dicho y hecho. El padre, sin decir nada a nadie, apareció en la fiesta de cumpleaños del muchacho con una bicicleta de carreras bajo el brazo. Una bici “Diamant” que había costado nada menos que el sueldo íntegro de un mes pero que el padre orgulloso no dudó en gastar. La ocasión lo merecía.


Símbolo de las bicicletas "Diamant" en los años sesenta



La bicicleta hizo su servicio. Tanto es así que aquel chaval se convirtió en hombre y todavía utilizaba la misma bicicleta. Daba igual; lo mismo iba a hacer los recados que visitaba a la novia de la ciudad vecina o pedaleaba todos los días hasta a la universidad. La bicicleta siempre estuvo allí.

Pero, claro está, la vida cambia y cuando ese chico, ahora hombre hecho y derecho, formó una familia todo se complicó en extremo como para andar pensando en la pobre bici que tan bien le había servido. Que si la casa, que si el trabajo, que si la guardería, que si el alquiler... Y así el maravilloso velocípedo pasó años en el sótano acumulando polvo y desapareciendo de la memoria colectiva, o casi.

Llegó el día que aquel hombre se vio en la misma tesitura que su padre años atrás. Tenía un hijo que crecía a centímetro por día, como poco, y las bicis se le iban quedando pequeñas. Una detrás de otra. Porque por aquel entonces -principios de los ochenta- casi nadie iba en coche a todas partes, al menos no por esos lares. La bici era poco menos que un bien de primerísima necesidad y un chaval así en plena edad del pavo no podía ir al instituto con una bici tan pequeña que le provocaba ampollas en las rodillas tras rozar con el manillar a cada pedalada. Ustedes lo entienden, seguro.

Así que nuestra maravillosa bicicleta volvió a ser la protagonista. Salió de aquella capa de mugre para resurgir de sus cenizas y hacer lo que mejor sabía hacer: llevar a su orgulloso nuevo dueño donde fuese menester.

continuará...

2 comments:

  1. Bonita historia :D, pero pon una foto de la bicicleta en cuestión que podamos ver como es. Seguro que lleva frenos de varilla y todo :D

    Un Saludo

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    1. Me temo, Perthes, que voy a tenerte en vilo porque la foto en cuestión de la bici la tengo reservada para la siguiente parte de la historia. ;D

      Un saludo

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