Thursday, 24 October 2013

Enemigos del ciclista novato. El otoño

Ya sé que el otoño es una estación preciosa, con los arbolitos cambiando de color, las hojas que caen al suelo y dejan los caminos bonitos como cual bucólica postal. Todo muy tierno en tonos rojos, amarillos, anaranjados. Chupi.

Hasta que llegó la ciclista novata para montar el Belén y eso que todavía queda para el invierno.

Tres cosas a tener en cuenta con el maldito otoño:

  1. Hace frío, llueve, cada día oscurece más rápido, trae unas ventiscas del copón, los animales con alas y algo de raciocinio huyen despavoridos con un “ahí te quedas tía que nosotros nos vamos pal sur”. Una depresión, vaya.
  2. A la lluvia hay que añadirle una perenne canícula que lo deja todo todito empapado, lo que musgos y demás seres verdes microscópicos con mala baba utilizan para procrear formando un película resbaladiza que, ojito, te puede traer más de un disgusto si te da por frenar así de repente. Cosa que a la menda le sucede un día sí y otro también.
  3. Esas hojas tan bonitas y tan coloridas además de resbalar como demonios ocultan piedras, palos y objetos de diverso tamaño y peligrosidad debajo. Ergo, además de resbalar ¡vas dando tumbos!. Ergo, voy como loca esquivando montoncillos no sea que tengan sorpresa dentro.

Si es que el otoño es una maravilla, oiga.