Monday, 7 October 2013

La mochila como elemento estabilizador


Quién hubiese pensado que un trozo de material con cierre en la parte de arriba y dos tiras más o menos consistentes cosidas en la parte de atrás diera tanto de qué hablar. Será porque ahora me dejan usarla.

Vamos, que con la mochila tenemos para rato porque nada menos que he descubierto que te ayuda a mantener el equilibrio; como lo leen, la mochila puede ser utilizada como elemento estabilizador (disculpen que hoy me haya salido una expresión tan... así). Suena muy complejo pero que no se alarme nadie porque tiene que ver con la fuerza de la gravedad y el punto de equilibrio y esos palabros los conoce todo el mundo que haya pasado por la educación secundaria, supongo.

Resulta que a parte de las malísimas consecuencias de llevar mochila (recuerden cuando iban al cole con la mochila a cuestas llenita de libros) hay momentos en que te alegras de ir a lo sherpa sobre la bicicleta.

Cuando la mochila va bien ajustada, es decir, que va tan prieta que te corta el flujo sanguíneo que llega al corazón y te impide respirar con facilidad porque todas las reservas energéticas se centran en tus hombros, puede ser utilizada como elemento estabilizador.

Ole ahí.

Es como si te acercara más hacia el sillín si cabe y claro, ayuda a que no te vayas hacia los lados una vez que tienes controlado el tembleque de las piernas. Eso sí, la mochila debe ir compacta además. No cargada, no, com-pac-ta. O lo que es lo mismo, todo bien colocadito para que nada vaya dando tumbos.

Pero atención, toda esta parrafada funciona sí y sólo sí usted va en línea recta. Para las curvas deberá practicar algo más porque hay que compensar la variación del punto de gravedad, nada menos. En fin.