Monday, 28 October 2013

No hay foto del evento ciclístico pero realmente ocurrió


Si quieren que les sea sincera estoy un poco en shock. Un buen shock, no lo niego, pero ando que no me lo creo. Es una pena que a nadie se le ocurriera hacerme una foto porque cuando lo cuente no me van a creer. Va a parecer que me lo invento pero no, ha pasado de verdad de la buena. Palabrita de ciclista novata.

Resulta que, gracias a Dios, una de mis amigas ha salido por fin del hospital. Sana y salva  aunque con una vesícula y unas cuantas piedras menos. Más ligera, vaya. Encantada de la vida de no ser porque en el último momento (viernes por la noche) caí en la cuenta de que no tenía nada que llevar (sábado por la mañana, muy temprano para mi gusto) a nuestro reencuentro post-hospitalario. Horror. Aquí nadie aparece con las manos vacías, jamás. Vale que la gente aparece con chorradas del todo a cien (incluso ya usadas) pero aparecen con algo y yo no tenía nada. Horror, horror, horror.

El sábado por la mañana desayunando (alrededor de las 8:00 am, lo juro) se me ocurrió una idea peregrina. De esas que en España serían imposibles de llevar a cabo pero que oye, en Alemania...

¿Y si me acercaba en un pispás a la floristería a comprar un hermoso ramo? Pero claro, el tiempo apremiaba porque a las 9:30 am venían a recogerme para ir de visita. Y claro, pensé en mi bicicleta. Qué mejor para ir rápido y sin mucha parafernalia ¿no?

Pues allá que fui. Con un frío pelón y sin peinar, me lancé a las calles para comprar flores un sábado antes de las 9 de la mañana. Surrealista pero cierto y ¿saben qué?

¡La floristería estaba abierta!

Toma, toma y mil veces toma.

Tras un rato para decidirme, otro ratillo de cháchara con la florista y un buen rato para preparar las flores compré un ramo de los más mono, de esos que pesan mucho y ocupan aún más y me dispuse a pedalear de vuelta.

Un momento.

No tengo bolsa, ni mochila, ni nada... Eh...

Pues no se lo creerán pero volví en bici agarrando el ramo en la mano izquierda dado la vuelta y apretando con todas mis fuerzas el manillar. Hasta me aseguré de no dar rodillazos en cada pedalada. Toda una proeza.

Lo que hace la necesidad, oiga.