Thursday, 27 November 2014

Otra bicicleta abandonada


Si no lo saben se lo digo yo: los alemanes limpian mucho. No son más limpios que cualquiera pero dedican la mayor parte de su tiempo libre, parte de las horas que les tocaría trabajar y demasiadas neuronas a todo lo que tenga que ver con la limpieza.

Así son y no hubo, hay, ni habrá manera de cambiarles.

El problema viene con lo que hacen con la basura. Porque limpiar limpian pero luego tiran la basura donde creen que nadie la verá y se ponen histéricos cuando les dejo caer que eso es una guarrada.

En Alemania además se da el caso de que hay que pagar por las basuras y mucho. Es obligatorio tener al menos tres contenedores: uno amarillo para los plásticos y envases, uno azul para el papel y uno negro para lo demás. Los hay que además tienen uno marrón para restos orgánicos y los que tienen bebés disponen de unas bolsas especiales para depositar los pañales. Debemos añadir que el gobierno espera pronto prontito obligarnos a tener otro contenedor para depositar convenientemente cables y aparatos electrónicos y no tengo idea de qué color será. Como ven no les falta de nada.

Quizá sea esa la razón o puede que sean algo más guarretes de lo que aparentan; el caso es que cuando llega la limpieza de otoño, el campo aparece repleto de ordenadores rotos, alfombras viejas y cómo no, bicicletas abandonadas.

¿Se lo pueden creer? A este paso creo que acabaré abriendo una sección dedicada a estas pobres que nadie quiere.

Esta bici estaba al lado de la vía del tren de camino a una de las zonas de jardines a la salida de la población donde vivo. Un asco, y una pena.

Lo triste es que la habían dejado de pie porque claro, en Alemania todo debe ser Ordnung und Sauberkeit (orden y limpieza).


Bicicleta abandonada en la cuneta después de haberla desvalijado