Monday, 25 May 2015

Bici retro


Haberlas haylas y son preciosas. Bicicletas sinuosas con el “esqueleto” de madera y tan buenas como cualquiera construida a base de aleaciones imposibles de metales o materiales de ultimísima generación.

Estas bicis recuerdan al pasado pero en el fondo son atemporales. Si este blog sobrevive a las próximas burbujas tecnológicas verán por aquí bicicletas de estas publicadas en los próximos cinco años vista, no lo duden.

Esta en concreto la fotografié cuando fuimos a comprar otros accesorios retro para la bici Diamant de los años sesenta y, qué quieren que les diga, me enamoré de ella. Eso sí, un amor puramente platónico porque mi cabritilla es la única que me tiene el corazón amarrado (vaya cursilada).

Pues eso, una bici chic más que añadir a la lista. ¿Qué les parece?



Monday, 18 May 2015

Cuatriciclo. Vaya pasada


No crean que no me costó que el garbancillo posara. Estaba tan en su mundo de cuatro ruedas que me costó hacerle parar.

- ¡Garbancillo! Ahí quieta que necesito hacerle una foto al cuatriciclo.
- Faaagaaad -Fahrad es lo que la criatura intentaba decir.
- Biiiici. Sí, garbancillo, pero por lo que más quieras deja de mover el culo.
- Faaaagaaad -y pa’lante y pa’trás.
- Pues claro que es tu bici pero antes de salir quiero una fotooooooo.

Y zasca. Un milisegundo de poco movimiento y conseguí la foto. Sudé para conseguirla, en serio. Pero es que cuando vi el cuatriciclo salí disparada a por la cámara. ¡Un cuatriciclo! Yo no había visto un cuatriciclo en mi vida.

Parece ser que las dos ruedas de delante vienen incluidas con el triciclo como accesorio extra y, por lo visto el triciclo con la única rueda delantera murió hace tiempo así que han instalado las dos ruedas para darle uso. Yo creo que mola más que un triciclo y aquí nuestra garbancillo pedalea que es un gusto, o más bien empuja.

Incluso dentro de casa, como pueden ver.

Un momento... Se dice "cuatriciclo", ¿verdad?


Ese cuatriciclo de moda.

Sunday, 17 May 2015

De paseo o en bicicleta


Es oficial: Soy más lenta que el caballo del malo. Peor aún: soy más lenta en bicicleta que otros andando o haciendo jogging.

Quizá se pueda caer más bajo pero no más lento.

Resulta que hoy se me ha ocurrido ir en bici a ver cómo van las obras (como lo leen) de un superproyecto de esos que usan millones de toneladas de cemento y que traen a la región un montón de prestigio pero ni un euro. Como no, antes de que las autoridades digan de inaugurarlo pues yo he pensado en ir a ver y he ofrecido una especie de pedalada.

Pues bien. Por aquí han pensado que ellos van andando y yo puedo SEGUIRLES con la bici.

Mamones.

No les culpo. En lo que yo recorro cien metros ellos vienen de vuelta de Hamburgo pero jolines, no hacía falta soltarlo así a bocajarro.

Tampoco es que lo puedan evitar. Los alemanes son así. Todo a las bravas.

Yo por mi parte he decidido contestar también a las bravas: van a tener que suplicar si quieren una cervecita fresca a la vuelta. ¡Ah! y para las próximas quinientas salidas pienso ir aún más despacio. JA, JA y doscientas veces JA.

Monday, 4 May 2015

Enemigos del ciclista novato. Escupir o no escupir


El tema de los insectos va a dar para largo. En este caso porque viviendo donde vivimos pues pasas de un clima cuasi polar en invierno a una primavera tipo inglesa en menos que canta un gallo.

Es una maravilla, no se vayan a creer, pero tiene sus cosas.

Todos los libros hablan de los trillones de bichitos que hay y cómo, para copar con esa nuestra dura evolución procrean que es un gusto y cada uno de esos trillones de bichitos termina por ser el ascendente común de otros cuantos trillones, que, por si no lo sabían, tienden a concentrarse bajo el sol dos semanas después de que comience oficialmente la primavera.

Y ahí es donde entra el pobre ciclista novato que, tras un duro invierno de usar fundas de sillín o acabar con la pantorrilla derecha al borde de la gangrena, decide de motu propio ir tralará trilirí por esos caminos de Dios que parecen tan verdes y apetecibles.

Y el ciclista en ciernes sonríe, cómo no ante tal maravilla, e incluso se da el lujo de mirar a izquierda y derecha, pero al volver al frente uno de los trillones de bichitos que parecían dormir a la bartola al sol vuela derechito a su boca y acaba incrustado en la zona posterior de las amígdalas.

Nuestro héroe convulsiona y a cada espasmo para de dar pedaladas. Agradece al cielo no llevar freno de pedal pero ¡qué hace con las manos! El primer instinto después del pánico es el de llevarse la mano a la boca y expulsar entre estertores ese ser con alas que tiene pegado en la garganta pero si suelta la mano... catapún.

Ni siquiera puede pedir ayuda.

La cuneta llena de hierbajos comienza a parecer apetecible y se plantea lo de dejarse caer y ver lo que pasa pero el siguiente instinto, ese que llaman de supervivencia, le dice que “¡y una mierda¡” así que ahí sigue haciendo eses. Y todo empieza a vibrar porque en el campo no hay superficies planas y entonces sucede.

Los músculos de la garganta responden a la llamada y nuestro sufrido biciadicto acaba por comer mosca para desayunar sentado sobre el sillín de su bicicleta nueva.

¿Y creen que nuestro amigo está contento por cómo se han sucedido los acontecimientos? No. Extraño.

No se ha caído; han cesado las toses; sus manos sigan pegadas con superglú al manillar. No. A nuestro amigo le llevan los demonios porque ha vuelto a olvidarse de darle a la palanca del freno. Vaya biciadicto de pacotilla.