Monday, 4 May 2015

Enemigos del ciclista novato. Escupir o no escupir


El tema de los insectos va a dar para largo. En este caso porque viviendo donde vivimos pues pasas de un clima cuasi polar en invierno a una primavera tipo inglesa en menos que canta un gallo.

Es una maravilla, no se vayan a creer, pero tiene sus cosas.

Todos los libros hablan de los trillones de bichitos que hay y cómo, para copar con esa nuestra dura evolución procrean que es un gusto y cada uno de esos trillones de bichitos termina por ser el ascendente común de otros cuantos trillones, que, por si no lo sabían, tienden a concentrarse bajo el sol dos semanas después de que comience oficialmente la primavera.

Y ahí es donde entra el pobre ciclista novato que, tras un duro invierno de usar fundas de sillín o acabar con la pantorrilla derecha al borde de la gangrena, decide de motu propio ir tralará trilirí por esos caminos de Dios que parecen tan verdes y apetecibles.

Y el ciclista en ciernes sonríe, cómo no ante tal maravilla, e incluso se da el lujo de mirar a izquierda y derecha, pero al volver al frente uno de los trillones de bichitos que parecían dormir a la bartola al sol vuela derechito a su boca y acaba incrustado en la zona posterior de las amígdalas.

Nuestro héroe convulsiona y a cada espasmo para de dar pedaladas. Agradece al cielo no llevar freno de pedal pero ¡qué hace con las manos! El primer instinto después del pánico es el de llevarse la mano a la boca y expulsar entre estertores ese ser con alas que tiene pegado en la garganta pero si suelta la mano... catapún.

Ni siquiera puede pedir ayuda.

La cuneta llena de hierbajos comienza a parecer apetecible y se plantea lo de dejarse caer y ver lo que pasa pero el siguiente instinto, ese que llaman de supervivencia, le dice que “¡y una mierda¡” así que ahí sigue haciendo eses. Y todo empieza a vibrar porque en el campo no hay superficies planas y entonces sucede.

Los músculos de la garganta responden a la llamada y nuestro sufrido biciadicto acaba por comer mosca para desayunar sentado sobre el sillín de su bicicleta nueva.

¿Y creen que nuestro amigo está contento por cómo se han sucedido los acontecimientos? No. Extraño.

No se ha caído; han cesado las toses; sus manos sigan pegadas con superglú al manillar. No. A nuestro amigo le llevan los demonios porque ha vuelto a olvidarse de darle a la palanca del freno. Vaya biciadicto de pacotilla.

2 comments:

  1. Jajajajajaja. Bueno, esto no es exclusivo de biciadictos -.- Lo del freno sí, pero lo de desayunar bichos... :/ jajaja

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    1. Sólo espero que al menos alimente. ;D

      Un abrazo

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