Saturday, 25 July 2015

La bicicleta plegable y sus (des)ventajas


Si usted decide comprarse una bicicleta plegable, adelante. No seré yo la que se lo impida. Compre, compre. Las bicis plegables son lo más. Son de lo más apañado pesan poco y no piden pan.

¿Que tiene poco espacio en su casa? La bicicleta plegable irá en su rescate porque podrá ponerla detrás de una puerta, en la esquina del pasillo, al lado del sofá o, si lo prefiere, colgada de la pared y no se acordará de que está ahí.

¿Dice usted que vive en la gran ciudad? Con un bici plegable irá a todas partes en un santiamén y nadie le pondrá pegas cuando quiera sentarse en una terraza porque su bici cabrá en cualquier rincón.

Ah, ¿que usted no vive en la urbe sino en un lugar más pintoresco? Sus vecinos fliparán, se lo digo yo.

Como ven todo ventajas. Hasta que decida irse de vacaciones, claro.

No sé si es porque yo no tengo un cerebro construido en tres dimensiones o qué pero les prometo que yo pensaba que mi super bicicleta plegable cabría en cualquier parte, incluso en el maletero del coche.

Pues caber cabe, pero es que no cabe casi nada más. Mi coche no es un tanque, ni tampoco un autobús pero tiene un maletero decente. No lo suficiente bueno para mi aristocrática bici.

Digamos que, a no ser que usted disponga de un maletero alto tendrá problemas para que el resto de sus cosas quepan. Si se le da bien jugar al tetris ahí tiene una ventaja porque le aseguro que tendrá que usar las meninges para hacer que todo cuadre.

Como yo no tengo intención de dejar de comprar bicicletas plegables en el futuro no tendré más remedio que tener un combi, un monovolumen, un cuatro por cuatro de esos que cruzan campo a través o, directamente una furgoneta.

Ains.

La Cabritilla en el maletero del coche. Una abusadora, eso es lo que es.

Por cierto. En estas vacaciones la maleta ha terminado en el asiento trasero.

Wednesday, 8 July 2015

Biciadictos por principio


Hay ciudades por el mundo, no demasiadas en mi opinión, en las que el tráfico rodado gira en torno a la bicicleta pero no porque las autoridades así lo hayan estipulado, no. Si en estos lugares la bicicleta es la forma de transporte más utilizada y tiene preferencia con respecto al coche es por la actitud “prociclista” de sus ciudadanos.

En caso de duda, el coche lleva las de perder y si alguien deja pasar a alguien es el tipo al volante el que le da al freno para que la universitaria con una bici rosa pueda dar tranquilamente la vuelta a la rotonda.

Se da la circunstancia de que además el tráfico no es ni más lento ni más rápido que en cualquier otra parte del mundo donde los ciclistas arriesgan la vida a cada pedalada. No señor. Los ciclistas van a toda pastilla, los coches van a toda pastilla, los peatones van por donde van los viandantes, andando o corriendo y todo el mundo contento.

Además estos biciadictos son biciadictos por principio y no pasan ni una. Olvídense de creer que porque van en coche nadie puede tocarles porque en estos sitios usted es el que contamina. Usted es el que acarrea toneladas de metal para ir solo de A a B y es usted el que ocupa más que cinco ciclistas juntos en hora punta. Así que usted, querido conductor, debe adaptarse al medio, un medio en el que otras especies urbanas deben moverse y tienen tantos o más derechos que usted a la hora de usar la vía pública.

Cada día estoy más convencida de que si no hay más sitios por el mundo así es no sólo porque a los políticos no les da la gana. Más bien parece que los ciudadanos no son mucho de pedalear o, simplemente, no se plantan y empiezan en bloque a plantarle cara al coche.