Friday, 28 August 2015

A la puerta del colegio


Ayer fue el primer día de cole. ¿Y por qué lo sé?

Facilísimo.

Solo había que salir a la calle y ver el goteo incesante de chavales con mochilas enormes montados sobre una bicicleta y todos en la misma dirección. De hecho, fue un timbre de bici el que me despertó.

Aquí, en Teutolandia, todas las guarderías, colegios, institutos, centros de FP, universidades y demás instituciones educativas tienen, a la disposición de sus alumnos, un parking de bicicletas.

Un parking que se llena hasta la bandera. Vean que no miento.

Aparcamiento de bicicletas a la puerta de un instituto en Alemania



Tuesday, 18 August 2015

Reserve su bicicleta


Necesito de su ayuda para solventar un misterio. Algo pasó hace unas semanas y todavía no sé si lo que pasó puede ser explicado porque los humanos son como son o porque los teutones son como son.

Retrocedamos unos… veinte días. ¿Recuerdan aquellas bicicletas que nos prometieron en vacaciones?

Quedamos en que estábamos mirando las bicicletas aparcadas que podíamos seleccionar para dar un voltio. La oferta decía que tendríamos unas bicis a nuestra disposición todos los días que nos alojáramos allí. Generosa la oferta, ¿o no?

Pues eso. Debíamos escoger entre las bicicletas aparcadas que no tuviesen el candado puesto. Y ahí que empezamos a mirar.

Con candado.

Con candado.

Con candado.

Y así hasta el final de la fila y la fila paralela. Ergo… no había bicicletas disponibles.

Todo quedó solucionado cuando un señor muy simpático nos ofreció una bicicleta con batería eléctrica que, por supuesto, no estaba incluida en la oferta (12 euros al día, ustedes me dirán si es caro o no). Ahí nos alegramos de haber ocupado todo el espacio del maletero de nuestro coche con mi bici plegable porque ahora solo teníamos que pagar por una bicicleta.

Ese mismo día, después de no sé cuantos quilómetros y a punto de morir de una apoplejía por culpa del calor y el ejercicio descubrimos por qué no había bicis disponibles.

La peña va el primer día y elige bicicleta (o va al aparcamiento cada diez minutos hasta que la bici que quieren queda libre). Automáticamente le ponen un candado a la susodicha bicicleta y ahí que la dejan aparcada tanto si la usan o no. Pero tienen bici segura.

Les juro que a la entrada de nuestro apartamento una bici llevaba languideciendo desde que llegamos peeeeeero estaba pillada y ahí seguía cuando nos fuimos.

Vuelvo a lanzar la pregunta, ¿la gente hace esas cosas porque son gente o porque son alemanes?

A mí me pareció una teutonada como la copa de un pino, pero como yo estoy aquí tan imbuida… pues no sé, lo mismo estoy perdiendo la perspectiva.

Monday, 10 August 2015

Donde esté un timbre que se quite todo


En el momento que compras una bicicleta corres el peligro de volverte una fetichista en cuestión de semanas. Es tan fácil caer en la trampa y comprar cosas molonas para tu bici que para cuando quieres darte cuenta sufres una especie de síndrome de Diógenes en lo relativo a complementos ciclísticos. Nunca llegas la final de la cuesta.

Porque a ver, si tienes un timbre maravilloso pero ves en la tienda otro que te hace tilín y en ese momento la tarjeta te arde en el bolsillo y la sacas para que le de un aire y ya puestos la usas y acabas por comprar otro timbre, no vas a tirar el que ya tienes. Eso sería un desperdicio además de una falta de respeto para el antiguo timbre, ¿no?

El caso es que al comprar el nuevo timbre comienzas a fijarte en los timbres de los demás y te das cuenta que en el ciclismo también puedes acabar siendo una fashion victim y con una estantería dedicada a accesorios que pones y quitas dependiendo del pie con que te levantes.

La última moda, estimados biciadictos, es instalar timbres molones casi tan grandes como el manillar. Hombre, ya que te preocupas en cambiar de timbre, al menos que se note.

Y si no, vean, vean.

¿Creen que nos encontramos ante un ludópata?



Saturday, 8 August 2015

Pobre manillar


No todas las modas son buenas. En absoluto. ¿O acaso no recuerdan los zapatos de hombre con plataforma tan populares en los setenta; los cardados roqueros de los ochenta o los pantalones que llegaban casi hasta las axilas durante los noventa?

Definitivamente no todas las modas son buenas.

Y la bicicleta sufre de estos altibajos también.

Ya saben que cuando uno usa bicis como otros cinturones pues va buscando variedad de vez en cuando. Un timbre nuevo, un sillín más cómodo, una funda de gel para cuidar las posaderas, unos guardabarros más brillantes, en fin, lo normal.

¿Pero qué pasa cuando quieres acordarte de la primavera en pleno invierno? Pues buscas unas flores. El problema es que algunas piensan que lo mejor es llevar las flores siempre puestas y como las naturales no aguantan el trajín pues acaban con una guirnalda de plástico.

Sí, sí. Guir-nal-da-de-plás-ti-co. ¡Alrededor de la barra del manillar! Y encima, como no se pocha acaba por quedarse ahí durante el invierno, la primavera, el verano y el otoño. Vamos, por siempre jamás.

Es un hecho. No todas las modas son buenas.




Aunque para gustos, los colores. Supongo.

Wednesday, 5 August 2015

París-Tombuctú. En bicicleta, claro


Cuando pienso en películas y bicicletas tengo que aguantar la carcajada porque la película de Berlanga, “París Tombuctú” me viene a la cabeza siempre.

Todo fue por culpa de un forúnculo. Sí, lo han leído bien, un grano enorme y asqueroso que le da por aparecer en el trasero y que duele horrores.

Y eso es precisamente lo que le salió a nuestro protagonista mientras iba de camino a Tombuctú. ¿Por qué Tombuctú? Para contestar a esa pregunta es mejor que vean la película.

A grosso modo, se trata de un señor que decide ir en bici a Tombuctú pero él sale de París así que imagínense el porrón de kilómetros que lleva a la espalda cuando cruza tierras catalanas. ¿O eran andaluzas? El caso es que cuando el dolor por culpa del maldito forúnculo le hace parar en una farmacia, dos maravillosas mujeres - madre e hija - le reciben con los brazos abiertos. Y ahí se empieza todo a complicar.

Es una película estupenda, como todas las de Berlanga y qué quieren que les diga, desde que monto en bicicleta como que me gusta más.

Ésto es lo que he encontrado en la red.



Monday, 3 August 2015

Bicicletas para españoles


En un lugar del mar Báltico cuyo nombre no consigo recordar, íbamos nosotros que íbamos a agenciarnos una de las bicicletas que el hotel donde pasábamos las vacaciones tuvo a bien ofrecernos.

Nosotros, que ya habíamos conseguido meter a duras penas mi bicicleta plegable en el maletero, no tuvimos más remedio que rezar para que la oferta fuese cierta pero en el fondo estábamos convencidos de que los alemanes jamás utilizarían publicidad deshonesta. No lo llevan en la sangre, vaya.

Así que nada. Como solo teníamos una bici fuimos a por la otra a la zona donde un porrón de velos aguardaban aparcadas en batería para que los clientes del hotel fueran y eligieran.

Ahí estaba yo, entre dos hileras de bicis mirando a derecha e izquierda cuando un cartel llamó mi atención y claro, como todo en este país lleva excepciones aparejadas decidí no arriesgarme e ir a ver qué ponía.





Traducción: Bicicletas para los “alumnos/en prácticas/trabajadores baratos que trabajan de sol a sol” españoles.

Como seguramente adivinen corrí de vuelta a la habitación para buscar la cámara y hacer la foto.

Y sí, queridos biciadictos, el porcentaje de currantes españoles en aquel hotel era astronómico. De hecho, cuando fui a por el masaje que también estaba incluido en el precio la masajista me preguntó más que asombrada por pedir hora si yo también trabajaba allí. Obviamente los españoles van a Alemania a trabajar y no precisamente de CEOs.

Por lo visto, los alemanes ven imposible que haya españoles que quieran pasar o se puedan permitirse pasar las vacaciones en tierra patria teutona. Tras varias preguntas un tanto extrañas sobre el tema no sabía si sentirme especial o realmente ofendida.

Nota. Ni que decir tiene que TODOS los españoles que encontré allí nos trataron a cuerpo de rey. Gracias.