Monday, 10 August 2015

Donde esté un timbre que se quite todo


En el momento que compras una bicicleta corres el peligro de volverte una fetichista en cuestión de semanas. Es tan fácil caer en la trampa y comprar cosas molonas para tu bici que para cuando quieres darte cuenta sufres una especie de síndrome de Diógenes en lo relativo a complementos ciclísticos. Nunca llegas la final de la cuesta.

Porque a ver, si tienes un timbre maravilloso pero ves en la tienda otro que te hace tilín y en ese momento la tarjeta te arde en el bolsillo y la sacas para que le de un aire y ya puestos la usas y acabas por comprar otro timbre, no vas a tirar el que ya tienes. Eso sería un desperdicio además de una falta de respeto para el antiguo timbre, ¿no?

El caso es que al comprar el nuevo timbre comienzas a fijarte en los timbres de los demás y te das cuenta que en el ciclismo también puedes acabar siendo una fashion victim y con una estantería dedicada a accesorios que pones y quitas dependiendo del pie con que te levantes.

La última moda, estimados biciadictos, es instalar timbres molones casi tan grandes como el manillar. Hombre, ya que te preocupas en cambiar de timbre, al menos que se note.

Y si no, vean, vean.

¿Creen que nos encontramos ante un ludópata?



No comments:

Post a Comment