Saturday, 9 April 2016

Crónicas biciadictas


Ayer estuve en el mismo lugar en el que dije aquello de que quería una bici. Tomando una cerveza en aquella terraza mientras veía a los ciclistas parque arriba, parque abajo, me acordé de ese preciso instante en el que pensé lo contentos que parecían y me dio envidia.

Varios años después y siguen dándome envidia. ¿Por qué?

Háganse una idea al imaginar a un chaval que va hablando por teléfono, con una mano en el bolsillo y, ya de paso, recreándose en el paisaje.

Se acerca, y se acerca y sigue a lo suyo. Toma la curva, regatea un charco y no para. Cuelga y llama a otra persona mientras continúa su camino.

¡Y todo mientras pedalea!

Si me dicen que es capaz de cambiarse de ropa sobre el sillín me lo creería.

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