Saturday, 20 May 2017

200 años de bicicletas

No sé si es mucho o poco, pero no me dirán que no es un buen aniversario. Doscientos tacos que tiene la bici. Y tan joven como el primer día, oigan.

Esperarán ustedes que escriba aquí un estupendo post sobre la alegría que me invade al celebrar cumpleaños, pero no. Me temo que este va a ser un momento tristón y no porque me sienta pof, no, es porque, admitámoslo, a estas alturas la bici debería estar mejor considerada. ¿No les parece?

Hablamos de un medio de transporte de probada valía. Una forma simple, barata y al alcance de todos de moverse de A a B. Una forma de disfrute y superación. ¿Y dónde estamos al día de hoy? Repitiendo como mantras las virtudes de la bicicleta como si todavía tuviésemos que excusar su existencia.

Una pena.

Usar la bicicleta para otra cosa que no sea competir a partir de los seis años es un hecho casi marginal. Si se usa la bicicleta porque sí, se levantan suspicacias y la gente mira de refilón pensando que hay algo que ocultas.

Porque la bicicleta hoy en día, se usa para fardar de pantalones ajustados o gorra ultramoderna o nueva aleación de lo que sea. Cuando usas la bici porque te apetece piensan que, a lo mejor, te falta un tornillo.

Después de doscientos años.

En fin, seguiremos poniéndole empeño. No pasa nada. ¡A por otros doscientos años más!

¡Felicidades!




Thursday, 23 March 2017

Enemigos del ciclista novato. La puesta a punto.

Cada año nos encontramos ante la misma tesitura y siempre alrededor del mes de marzo. Es lo que hay. Hasta entonces, la pobre cabritilla se aburre sobremanera porque todos los músculos se congelan en el momento que sales a la calle y, reconozcámoslo, montar en bicicleta es lo último que apetece. En mi caso, prefiero andar.

Todo esto lo cuento porque según se acerca la primavera, empiezan las ganas de montar otra vez. De pedalear y ver a dónde te llevan las ruedas y, también, de protestar por el dolor de cuerpo en general y la sed en particular.

Y claro, como la bici lleva dos meses ahí muerta de la risa en una esquinica, pues una puesta a punto es de imperiosa necesidad.

La puesta a punto de primavera.

Pues bien, yo la he evitado como la peste desde que la preciosa cabritilla apareció en mi vida. Sip, lo admito. Soy lo peor. Vaga e insensible a más no poder. En cuanto veo al que me soporta darle la vuelta a su bici, sacar tuercas y tornillos, botes de aceite y trapos a tutiplén, la menda se pone a silbar, une las manos a la espalda y empieza a pasear en dirección contraria buscando algo interesantísimo en lo que perder el tiempo las tres siguientes horas. Previa dejada de bicicleta, como quien no quiere la cosa, a los pies de su amado para que disfrute con la puesta a punto en cándida solitud.

No este año, no señor. Este año me han cantado elegantemente las cuarenta y me han dejado claro algo: o pongo a punto mi bicicleta, o no monto. Así de cruelmente expuesto.

No gano para disgustos.

Como he debido de poner cara de estar a punto del desmayo —tiene que parecer real o si no, no cuela—, me ha tocado solamente mirar el aire de las ruedas y ha sido una de las experiencias más vergonzantes de mi vida.

¡Quién hubiese podido imaginar que bombear aire en una rueda de bici fuese a ser tan complicado! ¡Pero si los niños de teta son capaces de hacerlo!

Yo no. Bueno, ahora sí, pero antes no. Antes de la puesta a punto, claro.

Les explico.

Me dicen que las ruedas, después de no usarlas durante un tiempo, necesitan aire. Eso lo entiendo. Así que voy y me agencio una bomba de aire, de las de toda la vida. De esas que aprietas un tubo por un lado y sale aire por el otro a través de un pitorrito que engancha perfectamente con un pitorrito que la rueda tiene. ¿Hasta aquí todo bien?

Pues no.

Como lo leen. No de no. Que muy ingenua de mí voy y me creo esa falacia. Esa que dice que con una bomba de toda la vida puedes bombear aire en una rueda de bici. No señor, es una mentira como una casa.

Yo venga a darle a la bomba y la rueda venga a perder aire.

Porque queridos amigos biciadictos. Las ruedas de bicicleta no son ruedas, ¡son neumáticos!
Flipen a gusto, yo lo hice durante media mañana. Con cara de idiota y con una bomba inservible en la mano, cavilando cómo diablos introducir aire por el pitorrito del neumático. Porque para reírse de mí, la cabritilla tiene pitorritos, pero que no quieren saber nada de agujeritos de bombas de toda la vida. No, mi cabritilla es muy moderna y no usa de eso.

A esto que oigo a mi espalda:

—¿¡Acabas ya!?
—Eh… Ummm… Sí, claro. Las medidas de la bomba y el pitorro de la rueda no coinciden. —¿Ven lo bien que se me da escurrir el bulto?
—La información necesaria está impresa en la rueda. Como en los coches.

¡Toma ya! Mi cabritilla es prima de un coche.

Y miro, y ¡oh, milagro!. Las ruedas llevan, en letra fluorescente, un montón de números y la presión justa que debo alcanzar. ¡Igualito que un coche!

Y flipé durante otra media mañana.

Entonces me presentaron a mi nueva casi mejor amiga. La bomba entre las bombas. La que no funciona a mano sino a pie. El cacharro más cool que poseo porque además sirve para inflar colchonetas.

Hela aquí.

Bomba de aire a pedal


Y oigan, como la seda. Conectar y apretar el pedal con el pie, repetidas veces. Dos minutos, señores, ¡dos minutos!

Tras una mañana entera flipando.

Monday, 20 February 2017

Si tiene una bici, cuélguela

Le he dado vueltas y más vueltas. Me he fijado en cómo cada uno organiza el espacio que tiene disponible y casi siempre llego a la misma conclusión.

La bicicleta ocupa menos si se cuelga. ¿De dónde? Ahí les dejo que estrujen las meninges a su gusto. De la pared con ganchos; del techo con ganchos; de… Necesitarán un gancho, o dos.

Incluso las bicicletas plegables, detrás de la puerta, ocupan más en el suelo que colgadas. Así que nada.

Compren un gancho, o dos.

Nota a tener en cuenta: puede que cambie de opinión y les aconseje algo completamente distinto en tres días.




Thursday, 19 January 2017

Contando los días para montar otra vez en bicicleta

A la bicicleta deberían ponerle un monumento y cantarles canciones de amor.

En este caso no sé si es amor, pero debería ser el caso. Los que sepan francés están invitados a contarme de qué va; yo por el momento, comparto con ustedes una canción que suena muy requetebien y el video es muy chulo. Me recuerda a lo que estar por venir cuando el invierno termine.

À Bicyclette de Yves Montand

Disfruten el frío. Qué remedio.