Thursday, 23 March 2017

Enemigos del ciclista novato. La puesta a punto.

Cada año nos encontramos ante la misma tesitura y siempre alrededor del mes de marzo. Es lo que hay. Hasta entonces, la pobre cabritilla se aburre sobremanera porque todos los músculos se congelan en el momento que sales a la calle y, reconozcámoslo, montar en bicicleta es lo último que apetece. En mi caso, prefiero andar.

Todo esto lo cuento porque según se acerca la primavera, empiezan las ganas de montar otra vez. De pedalear y ver a dónde te llevan las ruedas y, también, de protestar por el dolor de cuerpo en general y la sed en particular.

Y claro, como la bici lleva dos meses ahí muerta de la risa en una esquinica, pues una puesta a punto es de imperiosa necesidad.

La puesta a punto de primavera.

Pues bien, yo la he evitado como la peste desde que la preciosa cabritilla apareció en mi vida. Sip, lo admito. Soy lo peor. Vaga e insensible a más no poder. En cuanto veo al que me soporta darle la vuelta a su bici, sacar tuercas y tornillos, botes de aceite y trapos a tutiplén, la menda se pone a silbar, une las manos a la espalda y empieza a pasear en dirección contraria buscando algo interesantísimo en lo que perder el tiempo las tres siguientes horas. Previa dejada de bicicleta, como quien no quiere la cosa, a los pies de su amado para que disfrute con la puesta a punto en cándida solitud.

No este año, no señor. Este año me han cantado elegantemente las cuarenta y me han dejado claro algo: o pongo a punto mi bicicleta, o no monto. Así de cruelmente expuesto.

No gano para disgustos.

Como he debido de poner cara de estar a punto del desmayo —tiene que parecer real o si no, no cuela—, me ha tocado solamente mirar el aire de las ruedas y ha sido una de las experiencias más vergonzantes de mi vida.

¡Quién hubiese podido imaginar que bombear aire en una rueda de bici fuese a ser tan complicado! ¡Pero si los niños de teta son capaces de hacerlo!

Yo no. Bueno, ahora sí, pero antes no. Antes de la puesta a punto, claro.

Les explico.

Me dicen que las ruedas, después de no usarlas durante un tiempo, necesitan aire. Eso lo entiendo. Así que voy y me agencio una bomba de aire, de las de toda la vida. De esas que aprietas un tubo por un lado y sale aire por el otro a través de un pitorrito que engancha perfectamente con un pitorrito que la rueda tiene. ¿Hasta aquí todo bien?

Pues no.

Como lo leen. No de no. Que muy ingenua de mí voy y me creo esa falacia. Esa que dice que con una bomba de toda la vida puedes bombear aire en una rueda de bici. No señor, es una mentira como una casa.

Yo venga a darle a la bomba y la rueda venga a perder aire.

Porque queridos amigos biciadictos. Las ruedas de bicicleta no son ruedas, ¡son neumáticos!
Flipen a gusto, yo lo hice durante media mañana. Con cara de idiota y con una bomba inservible en la mano, cavilando cómo diablos introducir aire por el pitorrito del neumático. Porque para reírse de mí, la cabritilla tiene pitorritos, pero que no quieren saber nada de agujeritos de bombas de toda la vida. No, mi cabritilla es muy moderna y no usa de eso.

A esto que oigo a mi espalda:

—¿¡Acabas ya!?
—Eh… Ummm… Sí, claro. Las medidas de la bomba y el pitorro de la rueda no coinciden. —¿Ven lo bien que se me da escurrir el bulto?
—La información necesaria está impresa en la rueda. Como en los coches.

¡Toma ya! Mi cabritilla es prima de un coche.

Y miro, y ¡oh, milagro!. Las ruedas llevan, en letra fluorescente, un montón de números y la presión justa que debo alcanzar. ¡Igualito que un coche!

Y flipé durante otra media mañana.

Entonces me presentaron a mi nueva casi mejor amiga. La bomba entre las bombas. La que no funciona a mano sino a pie. El cacharro más cool que poseo porque además sirve para inflar colchonetas.

Hela aquí.

Bomba de aire a pedal


Y oigan, como la seda. Conectar y apretar el pedal con el pie, repetidas veces. Dos minutos, señores, ¡dos minutos!

Tras una mañana entera flipando.

2 comments:

  1. Lo proximo que has de aprender es a arreglar un pinchazo, util por si pinchas lejos de casa y no hay forma de volver en transporte público. Muy util, pero que mucho.

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    1. Lo sé, pero me da una pereza tremenda. Además, si tengo que llevar millones de cosas encima por si pincho… Se le va la gracia, ¿no?
      En fin. Al menos empezaré a prestar más atención a estas cosas. Más que nada porque si tengo una bici, lo menos es que al menos sepa cómo funciona. ;D
      Un saludo

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