Tuesday, 22 August 2017

Mercadillo de bicicletas

Pasó en un cumpleaños. Concretamente el de mi sobrina, la garbancillo.

Ahí que llegamos cargados con paquetes envueltos en papel de regalo cuando, de repente, vimos una procesión de gente que se desviaba e iba a la terraza de atrás, así en fila india, cada uno empujando una bicicleta.

La escena, de por sí algo llamativa, subió puntos de surrealismo al ver cómo adultos así grandotes se encorvaban para empujar bicis de tamaño liliputiense y claro, con paquetes envueltos bajo el brazo también.

Pensé, «a mi sobrina van a regalarle al menos diez bicicletas». Lo mismo era coleccionista o algo, ¡y a tan temprana edad!

El caso. Las velos empezaron a acumularse y así quedó la primera media docena aparcadas en paralelo (todo muy Ordnung und Sauberkeit, recuerden).

Y así descubrí una costumbre de lo más sana que se da por estos contornos. Cada X tiempo, y porque las criaturas crecen como si las regaran con abono, los grupos de amigos juntan todas las bicicletas de los críos y las vuelven a recolocar. Además, como tienen una media de dos por cabeza es como una tienda. Vaya, que los niños eligen no sólo la que mejor les va, sin lo que más les gusta.




Saturday, 5 August 2017

Dicen que ya sé montar

Flipooooooooo.

¡Que sé montar en bici, gente!

Vale, no para correr la Vuelta. ¡Pero ya séeeeeeeeeeee!

Aquí queda constancia. Día 5 de Agosto de 2017. A la hora de comer. En algún punto de Teutolandia.

¡Gracias, Cabritilla!





Wednesday, 2 August 2017

Vias férreas para bicicletas

La idea me vino (y estoy segura de no ser la primera) en uno de esos tours de verano con la lengua fuera, el hígado bailando el chachachá, los músculos en pleno tripi láctico y todos los tendones como cuerdas de violín. Pero mire usted por dónde que el cerebro iba por libre elucubrando esto y aquello.

Fuimos siguiendo los consejos de un señor ya jubilado que se pasa el día recorriendo en bici esos caminos de dios que nos rodean. Le hicimos caso porque huye de los coches como de la peste y eso, a mi entender, es una muy buena cualidad.

La ruta en cuestión, sigue lo que se llamaba «el tren del azúcar». Con un nombre así, ¿cómo no íbamos a probar?

Sigue el trazado por el que tiempo atrás corría el tren que iba recogiendo remolacha y es una de mis rutas preferidas. Porque no se sufre mucho, porque tiene árboles maravillosos a derecha e izquierda y porque todavía se ven restos arquitectónicos de la linea férrea que fue en el pasado.

Y pensé la primera vez: «con todas estas vías de tren abandonadas que hay por todas partes, ¿porqué no se transforman en vías ciclistas?».

Piénsenlo bien:

  1. Las rutas no son muy duras porque a los trenes se les evita en lo posible tener que subir y bajar (hay que ahorrar combustible).
  2. Los trazados son eficientes. Es difícil encontrar caminos más cortos que las lineas férreas.
  3. Ya están ahí. No hay que construir nada. Solo usar lo que ya hay, y hay mucho.
  4. Sería una forma sencilla de tener caminos alternativos donde el coche no tiene cabida. Muchas veces se dice que la bici le quita espacio al coche. De esta forma no.
  5. Más barato imposible.

Aquí, donde yo vivo, es una idea factible y en serio que podría ir a casi cualquier parte sin que el coche y yo nos demos codazos por cualquier trozo de asfalto.

Ahora pueden llevarme la contraria a gusto, aquí o en twitter. No muerdo y rara vez me enfado.