Wednesday, 2 August 2017

Vias férreas para bicicletas

La idea me vino (y estoy segura de no ser la primera) en uno de esos tours de verano con la lengua fuera, el hígado bailando el chachachá, los músculos en pleno tripi láctico y todos los tendones como cuerdas de violín. Pero mire usted por dónde que el cerebro iba por libre elucubrando esto y aquello.

Fuimos siguiendo los consejos de un señor ya jubilado que se pasa el día recorriendo en bici esos caminos de dios que nos rodean. Le hicimos caso porque huye de los coches como de la peste y eso, a mi entender, es una muy buena cualidad.

La ruta en cuestión, sigue lo que se llamaba «el tren del azúcar». Con un nombre así, ¿cómo no íbamos a probar?

Sigue el trazado por el que tiempo atrás corría el tren que iba recogiendo remolacha y es una de mis rutas preferidas. Porque no se sufre mucho, porque tiene árboles maravillosos a derecha e izquierda y porque todavía se ven restos arquitectónicos de la linea férrea que fue en el pasado.

Y pensé la primera vez: «con todas estas vías de tren abandonadas que hay por todas partes, ¿porqué no se transforman en vías ciclistas?».

Piénsenlo bien:

  1. Las rutas no son muy duras porque a los trenes se les evita en lo posible tener que subir y bajar (hay que ahorrar combustible).
  2. Los trazados son eficientes. Es difícil encontrar caminos más cortos que las lineas férreas.
  3. Ya están ahí. No hay que construir nada. Solo usar lo que ya hay, y hay mucho.
  4. Sería una forma sencilla de tener caminos alternativos donde el coche no tiene cabida. Muchas veces se dice que la bici le quita espacio al coche. De esta forma no.
  5. Más barato imposible.

Aquí, donde yo vivo, es una idea factible y en serio que podría ir a casi cualquier parte sin que el coche y yo nos demos codazos por cualquier trozo de asfalto.

Ahora pueden llevarme la contraria a gusto, aquí o en twitter. No muerdo y rara vez me enfado.

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