Friday, 3 November 2017

Mentalidad y nuevas generaciones

Mis elucubraciones y yo hemos estado discutiendo largo y tendido sobre algo que, más que seguro, salve el mundo. Sí, sí, tengo en mi cerebro la solución a todos los problemas del mundo mundial.

Gracias, no hay de qué.

Es broma.

Por supuesto que no puedo salvar el mundo. Una pena, porque lo haría gustosa. Pero claro, la cosa es mucho más complicada. Como siempre.

¿Y a qué he estado yo dándole vueltas últimamente? Al tema del cambio de mentalidad y las nuevas generaciones.

Como bien saben, he aprendido a montar en bici como quien dice ayer y, por desgracia, seré novata por siempre jamás. No me quejo, todo lo contrario. De hecho, sé que por ser tardía, va a ser siempre una novedad. Pero quizá porque esto de darle a los pedales me ha pillado con ciertos años y algo de sesera, tiendo a racionalizar la bici en exceso.

Aquí es donde entra lo de la mentalidad que comentaba antes. En mi caso, nunca sentí ni la necesidad de aprender a montar, ni el deseo de querer montar. Vamos, que si no aterrizo en Teutolandia, bien podría ser una de esas que miran a los biciadictos de reojo y, para sus adentros, piden que alguien les haga entrar en razón y dejen de invadir el espacio público.

Triste, pero cierto.

En España, de donde yo soy, no hay mentalidad ciclista y eso es muy difícil de construir. Porque hay recelo, porque hay un «no se qué, qué se yo» en contra del que parece distinto.Porque si hay coches «¿para qué quiere usted usar una bici?». Porque las bicicletas, señor mío, son cosas del pasado. Porque ser moderno es sinónimo de ir en coche a todas partes.

La bici no está en el subconsciente de nadie. No se me enfaden porque generalice; creo que saben a lo que me refiero.

Y entre que la bici no está en nuestros pensamientos y entre que activamente los que pueden se empeñan en ridiculizarla, pues así nos va.

Pero hay un arma secreta que podemos utilizar: enseñar a los niños. Y no sólo a que monten con su primera bici y ya. No. Aprovechar que ya que ellos van, nosotros vamos.

A mí, de chica, me compraron una bici y tardé dos segundos en encasquetársela a mi hermano. No, miento, viendo que yo pasaba, mi hermano se la agenció. ¡Bien hecho! Una tropela de años después, mi hermano es padre y más vale que enseñe a su niña a montar porque de no ser así, volverá a romperse el círculo y mi sobrina será de las que pase e insulte (sin pensar que lo hace) la bicicleta cuando treinta años antes su padre le “robó” a su tía la bicicleta porque montar era lo más de lo más.

No sé si me estoy explicando con claridad.

Básicamente. O enseñamos a nuestros niños a VIVIR con la bicicleta o da igual lo que diga el gobierno de turno, lo que mande la UE o lo que se discuta en foros de gente dedicada en cuerpo y alma al uso de la bicicleta (gracias de todo corazón, el debate es esencial). Dará exactamente igual, me temo.

Se empieza dando ejemplo, enseñando a las nuevas generaciones y su uso hace que los de arriba se den cuenta de lo que le importa al ciudadano.

¿Pido mucho?

2 comments:

  1. La verdad es que en España tenemos una concepción de la movilidad muy dependiente del coche. Yo, al final, no estoy yendo en bici al trabajo, pero porque voy caminando, que me gusta aún más. Solo pensar en coger el coche cada día me da yo qué sé. Pero soy una rara avis, lo sé.

    En fin. Que tenemos responsabilidad en educar en que otra movilidad es posible.

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    1. Es precisamente por donde voy con este post. Para mí es más hacer entender a los niños que tan estupendo es en ir en coche, como en bici, como andando o patinete. Mi sueño es, que si está ahí, se terminará usando "sin complejos".
      Porque hoy en día se oye más lo malo de la bici que lo bueno y, si me apuras, la discusión ni tendría que existir.
      Gracias por el comentario, Bettie. Espero que algún día te animes. Ibas a dar la campanada en el instituto. :)
      Una brazo.

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