Sunday, 29 July 2018

Guía del biciadicto experimentado (I)

I Título
II Copyright
III Dedicatoria
IV Introducción
V Capítulo 1
VI Capítulo 2
VII Capítulo 3
VIII Capítulo 4
IX Capítulo 5
X Capítulo 6

(Insertar aquí palitos, cruces y uves mil) Hasta que me canse
Agradecimientos.
FIN
(Opcional) Otras publicaciones.

Monday, 23 July 2018

Ahumar al estilo finés

Es una pena que no se haga más hoy en día. Nos encanta la parrilla, pero al final siempre cocinamos de la misma manera. Vuelta y vuelta.
Ahumar es muchísimo más entretenido y es simplemente delicioso.
Se puede ahumar de todo (hasta huevos) y de formas distintas. Hoy os contaré cómo lo hacen los fineses con el pescado. Bueno, en lineas generales porque estoy segura de que si algún finés lee esto dirá que su madre no lo hace igual.
Antes de nada, deberían saber que ahumar es la última cocción en todo el proceso. La más llamativa, no lo niego, pero para cuando se ahuma, el producto ya está medio cocinado en sal. Y esto es importante porque primero hay que «bañar en sal o agua muy saldada» el pescado una vez limpio para que expulse el agua. Sin este primer paso, no hay ahumado que valga.
Una vez limpio y salado de un día para otro, se le añaden las especias que uno quiera. En este caso, una combinación de hierbas secreta (ni amenazando con un alicate pude sacar al maestro ahumador qué llevaba exactamente y en qué proporción), endrinas y laurel.



La forma finesa de ahumar es por el método de altas temperaturas (un fuego directo bajo el pescado) pero en vez de cámara cerrada, se hace en fogata abierta. Básicamente se hace una hoguera, se clava (sí con clavos) el pescado a una plancha de madera y se pone cerca del fuego. La distancia dependerá del tamaño de la fogata y del pescado, claro.
En nuestra construcción casera, digna de cualquier programa de bricolaje, al borde del cuenco de hierro se han atornillado unas piezas movibles donde encajamos la madera y que se abren y cierran como un abanico para poder jugar con la distancia que queremos que haya entre llama y comida.
En más práctico usar rejilla para que los ingredientes que hemos añadido no se caigan y también porque después de años ahumando, ya no quedaba superficie de madera sin orificios.





La segunda cocción (recuerden que la primera es con sal) es a llama viva y poco a poco se añade el serrín que hará cuatro cosas: reducirá el fuego, creará humo, dará sabor y cocinará por tercera vez. Es mejor evitar maderas con mucha resina porque ésta no añade muy buen sabor al ahumado. Es preferible usar maderas de árboles frutales, en este caso cerezo. También se pueden añadir al fuego hierbas como el tomillo para enriquecer el humo.




Tras una hora, ahí tienen el resultado. Una delicia de salmón, de verdad de la buena.
¡Que aproveche!



Sunday, 22 July 2018

Logros del ciclista novato. La mano

Algo que nadie me dijo cuando empecé con esto de la bici es que las manos había que usarlas para algo más que para agarrar el manillar con todas mis fuerzas. Ya sé que debería tratar el agarradero (¿se dice así?) con más delicadeza, pero díganselo a mi cerebro cuando toda la materia gris está ocupada en poder dar una pedalada más.
Fue un momento de desinfle total cuando, tras mi primer logro, mi interlocutora me preguntó si ya sabía indicar con el brazo

Inciso.
En Teutolandia (no sé en otros sitios porque mi experiencia es muy local) HAY que indicar con la mano extendida si tienes intención de coger la siguiente calle.

Sigo.
Y claro, yo con cara de pasta boniato porque eso de despegar la mano del manillar como que no, no y NO.
Vamos a ver. ¿Quién en su sano juicio quiere arriesgar así la vida? Con todos los peligros que acechan y encima hay que pedalear sin manos.
Una locura.
«Du musst.» (Tienes que hacerlo)
Así son los teutones, van de obligación en obligación como si fuese lo más divertido del mundo mundial.
Y yo que creía que iba por buen camino.
Ains.
Pero la vida tiene sus momentos y ayer fue uno de ellos.
Fuimos a hacer una foto y resulta que como están asfaltando el camino, al menos dos kilómetros de vía ciclista estaban cortados para los coches.
¡Oh, milagro!
Así que aproveché la oportunidad para practicar.
Casi me la pego dos veces, ¡dos!, pero al final lo conseguí.
¡Estiré el brazo!
Primero uno, tres pedaladas, luego el otro, otras tres, vuelta a estirar (segundo y medio, que conste), otras pocas de pedaladas más, el otro brazo.
Así que nada, queridos, ya sé indicar cuando no hay nadie en el camino, ha de estar recién asfaltado, no puede haber ninguna clase de obstáculo, al menos tenga cuatro metros de ancho, nada de tomar la siguiente curva y por supuesto, no puedo pedalear cuando indico porque si lo hago, ¡pum!, al suelo.

Seguiremos informando.